Misal Católico

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Santa Misa del día: Domingo 2 de Febrero de 2025

2 de febrero Domingo PRESENTACIÓN DEL SEÑOR Fiesta * Blanco

“Mis ojos han visto a tu Salvador... luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

La Presentación de Jesús, razón para la esperanza

Si con el nacimiento de Jesús las bendiciones se desbordan, con su presentación en el Templo la esperanza se multiplica. Así lo muestra el evangelio de Lucas cuando Simeón, tomando al pequeño en brazos, le anuncia a su Madre que el Niño fue puesto en el mundo para la ruina y el resurgimiento de muchos. Delante del Señor, no caemos en el engaño de los cambios superficiales, pues gracias a él alojamos una esperanza mayor: transformar la realidad en sus aspectos más profundos así como nuestra propia vida; a esto se refería Simeón.

Enseguida, el justo varón describe a Jesús como un “signo de contradicción”: unos aceptarán su mensaje y su persona, mientras que otros lo rechazarán. Hoy nos sentimos invitados a definir nuestras opiniones y actitudes con respecto al Evangelio; sólo así podemos avivar la fe entre algunos que, de pronto, perciben la doctrina como algo muy desafiante. Tengamos la confianza de saber que en la enseñanza cristiana hay contenidos exigentes, pero nunca humillantes ni desatinados. Eso nos lleva a la siguiente idea: el Mesías, como signo de contradicción, pondrá “al descubierto los pensamientos de todos los corazones”, así que, en adelante, no hay necesidad de jugar malévolamente a las apariencias ni actuar con intenciones dobles o tramposas. Cristo nos ayuda a estrechar nuestros lazos y a vernos como somos, de tal modo que nadie se sienta un rival de los otros, pues reinarán los buenos propósitos.

Por último, la expresión dirigida a María: “Una espada te atravesará el alma”, que nos hace pensar en el dolor de la Madre de Cristo, se refiere a que ella pasará por un desafío pungente: será la primera en vivir conforme a la transparencia propia de la vida y misión de su Hijo; nuestro anhelo es acompañarla. ¿En qué nos da esperanza este evangelio? ¿Qué podríamos hacer para suscitar esperanza en nuestra sociedad y dentro de la Iglesia?

Los orientales llaman a esta fiesta Hipapante-El Encuentro. El Señor, niño, es presentado en el Templo. Simeón y Ana, movidos por el Espíritu Santo, dan testimonio de lo que es Cristo. Simeón dice que será Luz de los pueblos; por eso las candelas. Hoy se clausuran las solemnidades de la Manifestación o Epifanía del Señor.

Bendición de las velas y procesión

Primera forma: Procesión

1. A una hora conveniente, se reúnen los fieles en otra iglesia o en algún lugar adecuado, fuera de la iglesia a donde va a dirigirse la procesión. Los fieles sostienen en sus manos las velas apagadas.

2. El sacerdote, revestido con vestiduras litúrgicas de color blanco, como para la Misa, se acerca junto con los ministros al lugar donde el pueblo está congregado. En lugar de la casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará una vez terminada la procesión.

3. Mientras se encienden las velas, se canta la siguiente antífona:

Nuestro Señor viene con gran poder, para iluminar los ojos de sus siervos. Aleluya.

O bien otro canto apropiado.

4. El sacerdote, terminado el canto, dirigiéndose al pueblo, dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Luego saluda al pueblo como de costumbre. Después dice una monición introductoria al rito, invitando a los fieles a participar en él activa y conscientemente, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos: Hace cuarenta días, celebramos con júbilo el nacimiento del Señor.

Hoy conmemoramos el día dichoso en que Jesús fue presentado en el templo por María y José, para cumplir públicamente con la ley de Moisés, pero, en realidad, para venir al encuentro de su pueblo que lo esperaba con fe.

Impulsados por el Espíritu Santo, vinieron al templo aquellos dos santos ancianos, Simeón y Ana, e iluminados por el mismo Espíritu, reconocieron al Señor y lo anunciaron jubilosamente a todos.

Así también nosotros, congregados en la unidad por el Espíritu Santo, vayamos al encuentro de Cristo en la casa de Dios.

Lo encontraremos y reconoceremos en la fracción del pan, mientras llega el día en que se manifieste glorioso.

5. Después de la monición, el sacerdote bendice las velas, diciendo, con las manos extendidas:

Oremos.

Dios nuestro, fuente y origen de toda luz, que en este día manifestaste al justo Simeón la Luz destinada a iluminar a todas las naciones, te pedimos humildemente que te dignes recibir como ofrenda y santificar con tu bendición X estas velas que tu pueblo congregado va a llevar para alabanza de tu nombre, de manera que, siguiendo el camino de las virtudes, pueda llegar a la luz inextinguible. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Oremos.

Dios nuestro, luz verdadera, autor y dador de la luz eterna, infunde en el corazón de tus fieles la claridad perpetua de tu luz para que todos los que, en tu santo templo, son iluminados con el resplandor de estas luces, puedan llegar felizmente a la luz de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Y rocía las velas con agua bendita, sin decir nada, y pone incienso para la procesión.

6. El sacerdote recibe entonces del diácono u otro ministro la vela encendida destinada para él e inicia la procesión, mientras el diácono (o en su ausencia, el mismo sacerdote) dice:

Avancemos en paz al encuentro del Señor.

O bien:

Avancemos en paz.

En ambos casos, todos responden:

En el nombre de Cristo. Amén.

7. Todos llevan sus velas encendidas. Durante la procesión se canta una de las antífonas siguientes: la antífona Cristo es la luz enviada, con el cántico de Simeón (Lc 2, 29-32), o la antífona Adorna tu alcoba, u otro canto apropiado:

I

Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones y para gloria de Israel.

V. Ahora, Señor, ya puede morir en paz tu siervo, según tu promesa.

Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones y para gloria de Israel.

V. Porque mis ojos han visto a tu Salvador.

Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones y para gloria de Israel.

V. Al Salvador, a quien has puesto a la vista de todos los pueblos.

Ant. Cristo es la luz enviada para iluminar a las naciones y para gloria de Israel.

II

Ant. Adorna tu alcoba, Sión, y acoge a Cristo Rey; recibe a María, la puerta del cielo; ella lleva al Rey de la nueva luz gloriosa; escucha, Virgen María, llévanos de la mano hasta tu Hijo, luz de las naciones, a quien recibió Simeón en sus brazos y lo anunció a todos los pueblos: es el Señor que da la vida y la muerte, el Salvador del mundo.

8. Al entrar la procesión en la iglesia, se canta la antífona de entrada de la Misa. Al llegar el sacerdote al altar, hace la debida reverencia y, si se cree conveniente, lo inciensa. Luego se dirige a la sede, en donde se quita la capa pluvial, si la usó en la procesión, y se pone la casulla. Ahí mismo, después de que se ha cantado el himno del Gloria dice la oración colecta como de ordinario. Prosigue luego la Misa de la manera acostumbrada.

Segunda forma: Entrada solemne

9. En donde no puede hacerse la procesión, los fieles se reúnen en la iglesia, teniendo las velas en sus manos. El sacerdote, revestido con las vestiduras litúrgicas blancas para la Misa, va en compañía de los ministros y de una representación de los fieles a un sitio adecuado, ya sea ante la puerta de la iglesia o en el interior de la misma, en donde, por lo menos una gran parte de los fieles, puedan participar cómodamente en el rito.

10. Al llegar el sacerdote al sitio escogido para la bendición de las velas, se encienden éstas, y se canta la antífona Nuestro Señor viene con gran poder (n. 3) u otro canto apropiado.

11. Enseguida el sacerdote, después del saludo al pueblo y de la monición, bendice las velas, como se indica en los números 4-5; se efectúa luego la procesión al altar, con el canto (nn. 6-7). Para la Misa se observa lo indicado en el número 8.

Misa

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 47, 10-11

Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra como tu fama. Tu diestra está llena de justicia.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, suplicamos humildemente a tu majestad que así como en este día fue presentado al templo tu Unigénito en su realidad humana como la nuestra, así nos concedas, con el espíritu purificado, ser presentados ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo…

MONICIÓN

El profeta veía ya en el lejano horizonte lo que nosotros hoy celebramos. Escuchemos atentamente.

PRIMERA LECTURA

Entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan.

Del libro del profeta Malaquías: 3, 1-4

Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos.

¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos”.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL Del salmo 23

R. El Señor es el rey de la gloria.

¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R.

Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla. R.

¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R.

Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria. R.

MONICIÓN

El autor de este texto nos revela el sentido de la fiesta: el Sumo Sacerdote se presenta a su templo.

SEGUNDA LECTURA

Tenía que asemejarse en todo a sus hermanos.

De la carta a los hebreos: 2, 14-18

Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.

Pues como bien saben, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como él mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Lc 2, 32

R. Aleluya, aleluya.

Cristo es la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel. R.

MONICIÓN

Como buenos judíos que eran, José y María presentan al niño Jesús en el Templo de Jerusalén, según lo mandado por la Ley. Simeón y Ana anhelaban con todo su corazón conocer al Mesías que se les había prometido y, bajo la inspiración del Espíritu Santo, Simeón lo anuncia como Salvador, luz de las naciones y gloria de Israel.

EVANGELIO

Mis ojos han visto al Salvador.

Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos, luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Jesús, el Señor, que, para cumplir la ley de Moisés, quiso ser presentado en el templo y pidámosle que, como sacerdote compasivo, ruegue por y con nosotros, sus hermanos.

Después de cada petición diremos: Te lo pedimos, Señor.

  • Para que Cristo, luz que resplandece sobre la faz de la Iglesia, le conceda al Papa Francisco convertirse en luz del mundo y sal de la tierra. Oremos.
  • Para que Cristo, camino, verdad y vida, conceda a los religiosos y religiosas, ser siempre una presencia viva del amor y la misericordia de Dios en el mundo. Oremos.
  • Para que Cristo, buen pastor, sostenga a la comunidad eclesial y no deje de acoger los deseos y las dudas de los jóvenes que sienten la llamada a servir la misión de Cristo en la vida sacerdotal y religiosa. Oremos.
  • Para que el Salvador del mundo envíe su Espíritu a iluminar y guiar a los gobernantes del mundo y de nuestro país, a los legisladores, a los responsables de la economía y a los trabajadores de la administración pública. Oremos.
  • Para que el Salvador del mundo favorezca que el clamor de los hermanos migrantes, víctimas del tráfico criminal, sea escuchado y atendido. Oremos.
  • Para que Cristo, luz que alumbra a todo hombre venido al mundo, sea para nosotros causa de levantamiento y de resurrección. Oremos.

Señor, Dios nuestro, que realizaste los deseos santos de los ancianos Simeón y Ana, escucha nuestra oración y concédenos que también nuestros ojos contemplen al Salvador en el templo eterno de tu gloria. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que te sea grata, Señor, la ofrenda de tu Iglesia desbordante de alegría, tú que quisiste que tu Unigénito te fuera ofrecido, como Cordero inmaculado, para la vida del mundo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque al ser presentado hoy en el templo tu Hijo, eterno como tú, fue proclamado por el Espíritu Santo gloria de Israel y luz de las naciones.

Por eso, nosotros, al acudir hoy llenos de júbilo al encuentro del Salvador, te alabamos con los ángeles y los santos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc 2, 30-31

Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has puesto ante la vista de todos los pueblos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, por este santo sacramento que acabamos de recibir, lleva a su plenitud en nosotros la obra de tu gracia, tú, que colmaste las esperanzas de Simeón; para que, así como él no vio la muerte sin que antes mereciera tener en sus brazos a Cristo, así nosotros, al salir al encuentro del Señor, merezcamos alcanzar la vida eterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

DIOS SIEMPRE CUMPLE SUS PROMESAS

A cuarenta días de que hemos contemplado el nacimiento de Jesús en Belén, hoy nos toca celebrar aquella ocasión en que María y José, para cumplir con la ley, presentaron a su bendito Hijo en el Templo de Jerusalén. El Mesías esperado por el pueblo de Israel entra en el lugar santo, pero sólo es reconocido por Simeón y Ana.

  • Dios nunca se contradice a sí mismo y siempre cumple lo que promete; por eso, la familia de Jesús realizó todo lo indicado por la ley de Moisés; sin embargo, llegará el tiempo en que Jesús llevará a su plenitud esa ley.
  • Simeón y Ana vivían en una especial amistad con Dios, y por eso les fue revelado el misterio de la presencia del Señor en su Templo. Profetizaron lo que sería de Jesús, y Simeón predijo lo que le ocurriría a María.

Hoy tenemos la presencia del Mesías del Señor en cada iglesia, todos los días. Él nos espera ahí con amor y paciencia. Busquémoslo.

Fuente: misalcatolico.com


Categoria: Misa por Año / Misal Catolico 2025 / Misal Catolico de febrero 2025

Misal de Hoy Publicado: 2025-02-01T19:09:40Z | Modificado: 2025-02-01T19:09:40Z