📌 Santoral del Día: 23 de Septiembre
San Pío de Pietrelcina
PADRE PIO DE PIETRELCINA“En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6, 14).Padre Pío de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19). Derramó sin parar los tesoros de la graciaque Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue bautizado al día siguiente recibiendo el nombre de Francisco. A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años, entró en el noviciado de la orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado el año de noviciado, emitió la profesión de los votos simples y el 27 de enero de 1907 la profesión solemne.Después de la ordenación sacerdotal, recibida el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por motivos de salud permaneció en su familia hasta 1916. En septiembre del mismo año fue enviado al Convento de San Giovanni Rotondo y permaneció allí hasta su muerte.Enardecido por el amor a Dios y al prójimo, Padre Pío vivió en plenitud la vocación de colaborar en la redención del hombre, según la misión especial que caracterizó toda su vida y que llevó a cabo mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. El momento cumbre de su actividad apostólica era aquél en el que celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban en la misma percibían la altura y profundidad de su espiritualidad.En el orden de la caridad social se comprometió en aliviar los dolores y las miserias de tantas familias, especialmente con la fundación de la “Casa del Alivio del Sufrimiento”, inaugurada el 5de mayo de 1956.Para el Padre Pío la fe era la vida: quería y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado asiduamente a la oración. Pasaba el día y gran parte de la noche en coloquio con Dios. Decía: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación de la voluntad misteriosa de Dios.Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales. No era solamente el hombre de la esperanza y de la confianza total en Dios, sino que infundía, con las palabras y el ejemplo, estas virtudes en todos aquellos que se le acercaban.El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando todas sus esperanzas; la caridad era el principio inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo amar. Su preocupación particular: crecer y hacer crecer en la caridad.Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas personas que acudían a su ministerio y a su confesionario, recibiendo su consejo y su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban en la iglesia, en la sacristía y en el convento. Y él se daba a todos, haciendo renacer la fe, distribuyendo la gracia y llevando luz. Pero especialmente en los pobres, en quienes sufrían y en los enfermos, él veía la imagen de Cristo y se entregaba especialmente a ellos.Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia, obraba y aconsejaba a la luz de Dios.Su preocupación era la gloria de Dios y el bien de las almas. Trató a todos con justicia, con lealtad y gran respeto.Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió bien pronto que su camino era el de la Cruz y lo aceptó inmediatamente con valor y por amor. Experimentó durante muchos años los sufrimientos del alma. Durante años soportó los dolores de sus llagas con admirable serenidad.Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones en su servicio sacerdotal, todo lo aceptó con profunda humildad y resignación. Ante acusaciones injustificadas y calumnias, siempre calló confiando en el juicio de Dios, de sus directores espírituales y de la propia conciencia.Recurrió habitualmente a la mortificación para conseguir la virtud de la templanza, de acuerdo con el estilo franciscano. Era templado en la mentalidad y en el modo de vivir.Consciente de los compromisos adquiridos con la vida consagrada, observó con generosidad los votos profesados. Obedecióen todo las órdenes de sus superiores, incluso cuando eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural en la intención, universal en la extensión e integral en su realización. Vivió el espíritu de pobreza con total desprendimiento de sí mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección por la virtud de la castidad. Su comportamiento fue modesto en todas partes y con todos.Se consideraba sinceramente inútil, indigno de los dones de Dios, lleno de miserias y a la vez de favores divinos. En medio a tanta admiración del mundo, repetía: “Quiero ser sólo un pobre fraile que reza”.Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta y, especialmente en los últimos años de su vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte lo sorprendió preparado y sereno el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Sus funerales se caracterizaron por una extraordinaria concurrencia de personas.El 20 de febrero de 1971, apenas tres años después de su muerte, Pablo VI, dirigiéndose a los Superiores de la orden Capuchina, dijo de él: “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porqué era un sabio? ¿Porqué tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento”.Ya durante su vida gozó de notable fama de santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu de oración, de sacrificio y de entrega total al bien de las almas.En los años siguientes a su muerte, la fama de santidad y de mila-gros creció constantemente, llegando a ser un fenómeno eclesial extendido por todo el mundo y en toda clase de personas.De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia su voluntad de glorificar en la tierra a su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos realizó los pasos previstos por la ley canónica para iniciar la causa de beatificación y canonización. Examinadas todas las circunstancias, la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas Clarior” concedió el nulla osta el 29 de noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia pudo así proceder a la introducción de la Causa y a la celebración del proceso de conocimiento (1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos reconoció la validez jurídica. Acabada la Positio, se discutió, como es costumbre, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. El 13 de junio de 1997 tuvo lugar el Congreso peculiar de Consultores teólogos con resultado positivo. En la Sesión ordinaria del 21 de octubre siguiente, siendo ponente de la Causa Mons. Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni, los Padres Cardenales y obispos reconocieron que el Padre Pío ejerció en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las relacionadas con las mismas.El 18 de diciembre de 1997, en presencia de Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación presentó al Dicasterio competente la curación de la Señora Consiglia De Martino de Salerno (Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno de julio de 1996 a junio de 1997. El 30 de abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación para las Causas de los Santos, el examen de la Consulta Médica y, el 22 de junio del mismo año, el Congreso peculiar de Consultores teólogos. El 20 de octubre siguiente, en el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó, en presencia de Juan Pablo II, el Decreto sobre el milagro.El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne Concelebración Eucarística en la plaza de San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con su autoridad apostólica declaró Beato al Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina, estableciendo el 23 de septiembre como fecha de su fiesta litúrgica.Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina, la Postulación ha presentado al Dicasterio competente la curación del pequeño Mateo Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre el caso se ha celebrado el regular Proceso canónico ante el Tribunal eclesiástico de la archidiócesis de Manfredonia‑Vieste del 11 de junio al 17 de octubre del 2000. El 23 de octubre siguiente la documentación se entregó en la Congregación de las Causas de los Santos. El 22 de noviembre del 2001 tuvo lugar, en la Congregación de las Causas de los Santos, el examen médico. El 11 de diciembre se celebró el Congreso Particular de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos. El 20 de diciembre, en presencia de Juan Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre el milagro y el 26 de febrero del 2002 se promulgó el Decreto sobre la canonización.fuente:https://www.vatican.va
Beato Guillermo Way
Beato Guillermo Way, presbítero y mártirMártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)Se llama así a los católicos que murieron en Inglaterra en defensa de su fe y de la primacía del Papa, entre 1535 y 1681, durante las persecuciones bajo Enrique VIII, Isabel 1, Jacobo 1, Carlos I, la República de Cromwell y Carlos II.Se llama así a los católicos que murieron en Inglaterra en defensa de su fe y de la primacía del Papa, entre 1535 y 1681, durante las persecuciones bajo Enrique VIII, Isabel 1, Jacobo 1, Carlos I, la República de Cromwell y Carlos II. El número total (excluyendo los que padecieron en Irlanda bajo el mismo régimen) se calcula en unos 600, pero de éstos sólo una lista de 360 nombres fue enviada a la Santa Sede en 1874 por el cardenal Manning para iniciar su beatificación. De los otros, quizá no menos «mártires», no se tenían suficientes datos, o los motivos religiosos de su ejecución estaban algo mezclados con otros motivos como, p. ej., los que fueron ajusticiados después de la rebelión conocida como «pilgrimage of Grace» de 1536.De la lista de los 360, el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos (9 dic. 1886) apartó a 44 (principalmente por haber muerto en la cárcel), aguardando un ulterior estudio. Por decreto del 29 dic. 1886, León XIII aprobó que 54 (y por decreto del 13 mayo 1895, otros 9 más) habían ya sido «equivalentemente» beatificados por el papa Gregorio XIII, quien, en 1583, había permitido la representación de su martirio con paridad a la de los antiguos mártires cristianos. El número de los «Beati» ascendió a 64 cuando el papa Benedicto XV, el 23 mayo 1920, beatificó al arzobispo de Armagh (Irlanda), S. Oliver Plunkett, canonizado en 1975, e incluido entre los M. de I. debido a que su juicio pasó de Irlanda a Londres, donde fue ejecutado el 11 jul. 1681, porque ningún jurado irlandés hubiera creído las acusaciones contra él alegadas por el infame Titus Oates.De los 252 Venerables presentados por la Jerarquía de Inglaterra y Gales (junto con S. John Ogilvie presentado por la Jerarquía escocesa y canonizado en 1975) fueron beatificados 136 por Pío XI el 15 dic. 1929 y 85 por Juan Pablo II el 22 nov. 1987. El 19 mar. 1935, Pío XI canonizó a Juan Fisher y a Tomás Moro. Pablo VI canonizó el 25 oct. 1970 a los «Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales». Sus nombres son: Cuthbert Mayne, Ralph Sherwin, Alexander Briant, John Paine, Luke Kirby, Edmund Gennings, Eustace White, Polvdor Pladen, John Boste, John Almond, John Southworth, y William John Plessington, John Lloyd, John Kemble, John Roberts, Ambrose Barlow, Alban Roe, John Haughton, Augustine Webster, Robert Lawrence, Richard Reynolds, John Stone, John Jones, John Wall, Edmund Campion, Robert Southwell, Henry Walpole, Thomas Garnet, Edmund Arrowsmith, Henry Morse, Philip Evans, David Lewis, Nicholas Owen, Richard Gwyn, Swithun Wells, Philip Howard, John Rigby, Margaret Clitherow, Margaret Ward y Anne Line (cfr. Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, Official Presentation of Documents on Martyrdom and Cult, Vaticano 1968).A los muchos que sufrieron persecución religiosa -oficialmente reconocidos o no- se debe que con su ejemplo y constancia se mantuviera viva la fe católica en Inglaterra y que al cabo de tres siglos, resurgiera el catolicismo como algo no implantado desde fuera, sino con unas notas propias, nacionales, con caracteres bien marcados.[...]Conclusión. Aunque las autoridades pretendieron dar a las condenas un carácter político, estos mártires y beatos defendían con su muerte una verdad de fe: el primado del Romano Pontífice: «Los mártires ingleses pueden definirse mártires de la Iglesia Católica, de la romanidad, de la primacía papal de esta Iglesia. El duelo lo fue entre derechos del César y derechos de Dios, y estos mártires murieron proclamando los derechos del César... Pero fueron noblemente intransigentes cuando esos derechos se quisieron anteponer a los derechos de Dios, que se identifican con los derechos de la Iglesia, con los derechos del Vicario de Cristo» (Pío XI, L'Osservatore Romano, 9-10 dic. 1929, 1). Como ha dicho Pablo VI: «son mártires por defender la estructura jerárquica y unitaria de la Iglesia, del todo respetuosa con la potestad temporal en el foro civil, pero libre en el foro espiritual. Son mártires de la libertad y unidad de la Iglesia» (Aloc. 25 oct. 1970, L'Osservatore Romano, 26-27 oct. 1970).Bibliografía: Para una lista completa de los mártires, v. A. BUTLER, Lives of Saints, 4 vol., Londres 1956; J. H. POLLEN, Acts of English Martyrs. Londres 1891; íD., Unpublished do( uments relating to English Martyrs. Londres 1908; B. CAMM, Lires qf the English Marty1-s /_535-1583, de( lared blessed by Pope Leo XIII in 1886 and 1895, 2 vol., Londres 1904-05; E. H. BURTON y J. H. POLLEN, Lires of English Martyrs, 2' serie: The Venerables (1583-88), Londres 1914; E. WAUGH, Edmund Campion, Londres 1935; B. LLORCA y R. GARCÍA VILLOSLADA, Historia de la Iglesia Católica, 111, 2 ed. Madrid 1967, 725-33; 917-28; A. EHRHARD y W. NEUSS, historia de la Iglesia, IV, Madrid 1962, 134-146; P. MOLINARI, 1 quaranta Martini d'Inghilterra e del Calles, «L'Oss. Romano» 24 oct. 1970; S. USHERWOOD, E. ÜSHERWOOD, We die for the old Religion (historia de los 85 mártires beatificados el 22 nov. 1987), Londres 1987.Introducción general tomada de La Gran Enciclopedia Rialp, 1991, artículo firmado por Richard A. P. Stork.fuente:Gran Enciclopedia Rialp
Santos Cristobal (Antonio y Juan)
Cristóbal, Antonio y Juan, SantosNiños mártires de TlaxcalaMartirologio Romano: En Tlaxcala, en México, santos Cristóbal, Antonio y Juan, mártires, que alegres dieron su asentimiento a la fe cristiana en tiempo de la primera evangelización de América, por lo cual fueron martirizados por sus antiguos correligionarios ( 1527)En el Estado de Tlaxcala en México existen tres niños ejemplares que a partir de una fe total y muy firme nos muestran que defender su causa es tenerle amor a Dios; como lo decía San Agustín “No es el sufrimiento, sino la causa, lo que hace auténticos mártires, el mártir no defiende su vida sino su causa que en su convicción religiosa, su fidelidad a Dios y a sus hermanos y esta se defiende muriendo”. A continuación recordaremos el martirio que recibieron estos tres niños Tlaxcaltecas.El primero nacido en Atlihuetzía, Tlaxcala aproximadamente en 1515 llamado Cristóbal, hijo de Acxotécatl quien era el cacique principal, esto es, que después de los cuatro señores en jerarquía seguía él. Acxotécatl tenía cuatro hijos, de los cuales Cristóbal era el hijo mayor y el predilecto. Cristóbal aprendía mucho de la doctrina cristiana al escuchar a los Frailes así que pidió el bautismo el cual le fue administrado días después. Al igual que los Frailes predicaba constantemente a su padre y a sus vasallos, sin embargo su padre no lo tomaba en cuenta, así que comenzó a tirar y romper los ídolos de su padre así como el pulque con que se emborrachaba su padre y sus vasallos; al ver esto, sus criados le dijeron a Acxotécatl el cual enojado decidió quitarle la vida, así que lo tomo de los cabellos, lo tiro al suelo y le dio crueles golpes y con un palo grueso de encina le dio muchos golpes por todo el cuerpo hasta fracturarle los brazos, piernas y las manos con que se defendía la cabeza, tanto que casi de todo el cuerpo corría sangre mientras Cristóbal invocaba a dios diciendo:“Dios mio, tened misericordia de mí, y si tú quieres que yo muera, moriré; y si tú quieres que viva, libradme de mi cruel padre” Viendo que el niño seguía vivo lo mando a arrojar a una hoguera, lo apuñaló y el niño le dijo a su padre: “No pienses que estoy enojado, porque yo estoy muy alegre, y sábete que me has hecho más honra de los que vale tu señorío”.Dos años después del martirio de Cristóbal, llegó a Tlaxcala un Fraile llamado Fray Bernardino Minaya, con otro compañero, los cuales iban encaminados a la provincia de Huaxyacac y le pidieron a Fray Martín de Valencia que les diese algún muchacho para que les ayudasen a la misión evangelizadora. A esta petición de ofrecieron inmediatamente Antonio y su criado Juan (provenientes de Tizatlan, Tlaxcala). Al llegar a Tepeyacac Fray Bernardino Minaya envió a los niños a que buscasen por todas las casas de los indios los ídolos y se los trajeran. Ellos conocían perfectamente el lugar y por ser niños, podían realizar tal empeño sin que peligrasen sus vidas. Para realizar la encomienda se alejaron un poco más de lo determinado a buscar si había más ídolos en otros pueblos.Y es en Cuahutinchan, Pue., cuando entrando en una casa y destrozando los ídolos, vinieron dos indios, con unos leños de encina, y sin decir palabra, descargaron su furia sobre el muchacho Juan. Al ver Antonio la crueldad con que aquellos ejecutaban a su criado, no huyó, sino que echó en el suelo unos ídolos que tenía, pero ya los dos indios tenían muerto a Juan, y luego hicieron lo mismo con él.Al revivir este relato de nuestros queridos Niños Mártires podemos adentrarnos en una muerte violenta pero que lleva una aceptación, un sí sobre todo va cargada de sentido: el dar testimonio de una verdad, la de un Dios único y verdadero. El martirio de estos niños se hizo posible porque ellos prefirieron sacrificar su vida, y optaron por defender sus convicciones.Es por eso que el trabajo evangelizador que desarrollaron los ahora Santos Niños Mártires de Tlaxcala, a pesar de su corta edad, pero llenos de amor y de Fe por llevar la Nueva Buena encontraron la muerte al defender su causa.Así que siempre recordemos que todos (sin excepción alguna) estamos llamados para trabajar en la viña del Señor.fuente: Catholic
Categoría: Santoral / Septiembre
Publicado: 2026-02-26T23:43:49Z | Modificado: 2026-02-26T23:43:49Z