Santoral del Día

📌 Santoral del Día: 18 de Mayo


San Félix de Cantalicio

SanFélix de Cantalicio (1513-1587)La vida de San Félix de Cantalicio escomo un regatillo de agua clara al servicio de Dios. Hay en esta existencia,del que se puede considerar primer santo capuchino en el siglo XVI, una sublimesencillez, exponente de un alma transparente, purificada día trasdía por la caridad, que es la forma más pura del amor. Nace esteinteresante ejemplar de la santidad en Cantalicio, en el año 1513.Cantalicio es una pequeña población italiana del territorio deCittá Ducale, provincia de Umbría. Los padres del Santo eranpobres y temerosos del Señor. Su padre se llamaba Santo de Carato; sumadre, Santa. ¿Se llamaban así o eran llamados así por subondad? De niño, se dedica al pastoreo. Grababa una cruz en una encina,como un pequeño tallista del símbolo del sacrificio, y ante ellarezaba muchos rosarios. Junto al trabajo, humilde trabajo de pastor, laoración. De esta manera, su trabajo quedaba empenachado de plegarias,como si las avemarías fuesen salpicando las jornadas de su vigilanciadel ganado. Entra después al servicio de varios labradores. En la casade uno de éstos oye leer vidas de santos. Quiere imitar a los penitentesdel desierto, y, al preguntar dónde podría hallar lafórmula de los anacoretas, alguien le respondió: «En loscapuchinos». Es, entonces, cuando se decide a pedir el hábito en elconvento de Cittá Ducale. Parece que el padre guardián, paraprobar la vocación del aspirante, recarga las tintas de la penitencia delos frailes y le dice, mientras le muestra un crucifijo: «Éste esel modelo a que debe conformar su vida un capuchino». Félix,enamorado del sacrificio, se arroja a los pies del padre guardián y lemanifiesta que no desea sino una vida del todo crucificada. Enviado alnoviciado de Áscoli, cuando tiene veintiocho años, cae enfermo:unas pesadas calenturas. Pero un día se levanta de la cama y le dice alpadre guardián que ya no tiene nada. Destinado a Roma, ejerce en laCiudad Eterna, durante casi cuarenta años, el cargo de limosnero. A sucompañero de fatigas y de alegrías a lo divino le decía:«Buen ánimo, hermano: los ojos en la tierra, el espíritu enel cielo y en la mano el santísimo rosario». Jamáscondescendió con su gusto, y toda su vida fue una constanterenunciación a los pequeños muchos por el gran todo. Solíaexclamar, recordando una frase que había leído: «OCésar o nada». Se ha dicho que sólo hay una tristeza: la deno ser santo. Sí; la de no ser «césar» de la santidad.Y llegó a «césar» de Dios por el camino de la santasimplicidad. ¿En qué consistía la ciencia de estesimpático lego? «Toda mi ciencia –afirmaba– estáencerrada en un librito de seis letras: cinco rojas, las llagas de Cristo, yuna blanca, la Virgen Inmaculada». Ayunaba a pan y agua las tres cuaresmasde San Francisco, comía los mendrugos de pan que dejaban los frailes ydormía tres horas en un lecho de tarima. Pero, como si esto fuera poco–y lo era para sus aspiraciones–, no se quitaba el cilicio. A pesarde todo, o, más exactamente, por todo, tenía una contagiosafelicidad y un buen humor delicioso. Bromeaba a lo divino con su amigo Felipede Neri. Uno y otro se saludaban de esta manera:–Buenos días, fray Félix.¡Ojalá te quemen por amor de tu Dios!–Salud, Felipe. ¡Ojalá te apaleen y tedescuarticen en el nombre de Cristo!Un fraile que le acompañaba en cierta ocasión,en visita al cardenal de Santa Severina, dijo a éste que mandase a frayFélix descargar la limosna. «Señor –respondió ellego–, el soldado ha de morir con la espada en la mano y el asno con lacarga a cuestas. No permita Dios que yo alivie jamás a un cuerpo quesólo es de provecho para que se le mortifique». Cuando alguien leinsultaba, replicaba: «¡Que Dios te haga un santo!»Estaba rezando un día, cuando la imagen de la Virgenpuso al Niño en los brazos de fray Félix. Y así lepintó Murillo. Son muchas las anécdotas con trascendencia deeternidad que se cuentan de San Félix de Cantalicio. Su hermano enreligión, padre Prudencio de Salvatierra, recoge algunas verdaderamenteentrañables. En cierta ocasión, iba pidiendo limosna, que era suoficio cotidiano. De pronto, siente un cansancio extraordinario. ¿Porqué le pesaba tanto el morralillo que llevaba a la espalda? Porquealguien había depositado una moneda de plata en la alforja del santomendigo, moneda que le pareció la sonrisa burlona del demonio.«Este es el peso maldito que no me deja caminar». Y, sacudiendo laalforja, hizo que la moneda cayese al suelo, para seguir tan sólo conlos regojos a cuestas. Durante las jornadas frías, quizá algunosreligiosos se acercaban al fuego para confortar un poquillo sus cuerposateridos. Mas fray Félix huía del grato calor, a la vez quedecía a su cuerpo: «Lejos, lejos del fuego, hermano asno, porqueSan Pedro, estando junto a una hoguera, negó a su Maestro».Venerable y al mismo tiempo jovial figura, por las calles de Roma, la de estehermano lego, al que rodeaban los chiquillos para tirarle de las barbas ycuriosear en sus alforjas. El lego, sonriente y hasta riente, enseñabael catecismo a los niños, y les daba consejos, les embelesaba con supalabra dulce y sencilla.Inventaba coplas religiosas, que en seguida se hacíanpopulares en la ciudad. Tenía buen oído y voz de barítono.Lo debía de pasar muy bien cantando, limpio de polvo y paja del menorgusto. «Dentro del convento sabía unir, por modo maravilloso, laalegría con el silencio, el trabajo con la oración». Suhermano fray Domingo decía: «Félix es avaro en sus palabras,pero lo poco que dice es siempre bueno».Enferma un fraile, a quien los médicos desahucian.Pero entra fray Félix en la celda del paciente y profiere unas palabrascomo mojadas de humor y frescura celestiales: «Vamos, perezoso,levántate; lo que a ti te conviene es un poco de ejercicio y el airepuro del huerto. »En efecto, el frailecico había sanado.Mas no pensemos que las que pudiéramos llamarpersonalidades importantes de aquel tiempo dejaban de acudir a la«ciencia» del «ignorante» lego. El sabio obispo deMilán, luego San Carlos Borromeo, solicita de fray Félix algunosconsejos para la reforma del clero diocesano. ¿Qué consejos iba adar un pobre lego mendicante a un obispo intelectual? Pues sí; le daeste consejo: «Eminencia: que los curas recen devotamente el oficiodivino. No hay nada más eficaz que la oración para la reforma delespíritu».Con empuje de alma inspirada por Dios, dice al cardenal dela Orden franciscana Montalto, en vísperas de ser elegido para el SolioPontificio: «Cuando seas Papa, pórtate como tal para la gloria deDios y bien de la Iglesia: porque, si no, sería mejor que te quedaras ensimple fraile». Ya era papa Montalto, con el nombre de Sixto V, cuando unavez pidió al lego un poco de pan. Fray Félix busca para el PadreSanto el mejor panecillo, pero el Papa le replica: «No hagadistinción, hermanito: déme lo primero que salga». Loprimero que salió fue un mendruguillo negro. El lego toma el regojo y selo entrega a Su Santidad con estas palabras: «Tenga paciencia, SantoPadre; también Vuestra Santidad ha sido fraile». Siempre el humorjunto al amor, siempre la gracia junto a la gracia. En actitudpoéticamente franciscana, repartía pedacitos de pan a los pobres,a los perros, a los pájaros. A fuerza de oración consiguelibrarse de una epidemia, para poder seguir asistiendo a numerosos enfermos. Con una fidelidad exacta cumple los tres votosmonásticos de su vida religiosa: obediencia, pobreza y castidad.Respetaba al sacerdote y rendía homenaje a «la dignidad mássublime de la tierra». Fue fray Félix de Cantalicio un amadoresforzado de la Señora, y cuando, en la calle, los ojos del lego seencontraban con una imagen de la Virgen, prorrumpía de este modo:«Querida Madre: os recomiendo que os acordéis del pobre frayFélix. Yo deseo amaros como buen hijo, pero vos, como buena Madre, noapartéis de mí vuestra mano piadosa, porque soy como losniños pequeños, que no pueden andar un paso sin la ayuda de sumadre». Uno se acuerda de la Balada de las dudas del lego, dePemán: «Y, apretando el paso, con simple alegría, corre quete corre... ¿Qué más oración que el ir mansamente,por la veredica, con el cantarillo, bendiciendo a Dios?» Fray Félixno iba con el cantarillo, sino con el talego del pan. Y con las alforjas de sucaridad franciscana.¿Cómo era en lo físico fray Félixde Cantalicio? He aquí una semblanza del Santo: «Fue bajo decuerpo, pero grueso decentemente y robusto. La frente espaciosa y arrugada, lasnarices abiertas, la cabeza algo grande, los ojos vivos y de color que tiraba anegro; la boca, no afeminada, sino grave y viril; el rostro alegre y lleno dearrugas; la barba no larga, sino inculta y espesa; la voz apacible y sonora; ellenguaje de tal calidad que, aunque rústico, por ser simple y humilde,convertía en hermosura la rusticidad».Cargado de trabajos, de dolores, pero con una alegríadesbordante, presiente su muerte. Y dice: «El pobre jumento ya nocaminará más». Pretende ir a la iglesia desde el lecho,arrastrándose, mas se le prohíbe. Recibe los sacramentos, sequeda en éxtasis, vuelve en sí, pide que le dejen solo. Losfrailes le preguntan: «¿Qué ves?» Y él responde:«Veo a mi Señora rodeada de ángeles que vienen a llevar mialma al paraíso». Sin haber entrado en agonía, muere el 18de mayo de 1587, a los setenta y dos años de edad. Toda la ciudad correal convento para besar el cadáver del santo lego y obtener reliquias. Elpapa Sixto V, que testificaba dieciocho milagros, quiso beatificar a frayFélix, pero no tuvo tiempo. Es Paulo V quien inicia el proceso debeatificación, que solemnemente será verificado por Urbano VIII.En 1712, Clemente XI canonizó a fray Félix de Cantalicio.He aquí una vida colmada hasta los bordes de santasimplicidad, una vida clara y sencilla, alegre por sacrificada, sublime porhumilde, la vida de un lego capuchino del siglo XVI, cuyo perfume llega hastanuestros días con la fragancia de las más puras esencias de lavirtud.San Félix de Cantalicio, en Año Cristiano, Tomo II, Madrid, Ed. Católica (BAC 184), 1959, pp. 410-415


Beata Guadalupe Ortiz Landázuri

Guadalupe Ortiz de Landázuri Fernández de Heredia (Madrid, 12 de diciembre de 1916 - Pamplona, 16 de julio de 1975) fue doctora en Ciencias Químicas, catedrática española de maestría Industrial, investigadora en el ámbito de la química aplicada, -tanto en la búsqueda de materiales refractarios aislantes, para disminuir el consumo de energía, como en el sector de los textiles-.1​2​ Ha sido proclamada venerable por la Iglesia católica.3​Fue una de las primeras mujeres que siguieron a san Josemaría Escrivá de Balaguer en su empeño por difundir la llamada universal a la santidad a través del Opus Dei. El texto del decreto promulgado por la Congregación de las Causas de los Santos recoge cómo Guadalupe vivió en grado heroico las virtudes, y “se entregó por entero y con alegría a Dios y al servicio de su Iglesia, y experimentó intensamente el amor divino” (Decreto sobre las virtudes heroicas de Guadalupe Ortiz de Landázuri).Guadalupe se caracterizó desde sus primeros años por su sólido carácter y su valentía. Era la pequeña de cuatro hermanos, uno de los cuales falleció poco antes de que ella naciera. Comenzó el bachillerato en el Colegio Nuestra Señora del Pilar, que dirigían los marianistas en la ciudad de Tetuán, donde su padre había sido destinado como oficial del ejército. En el curso que le correspondió era la única mujer y destacó por su audacia y sus buenas calificaciones académicas. Terminó el bachillerato en Madrid en el año 1933 y en octubre de ese mismo año se matriculó en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Central. Entre los sesenta alumnos de primer curso sólo había cinco mujeres.En los primeros días de la Guerra Civil, en julio de 1936, su padre fue detenido y condenado a muerte dos meses después, tras un proceso sumario. Guadalupe permaneció al lado de su padre con su madre y su hermano Eduardo, confortándole en las horas previas a la ejecución. Pese al enorme dolor por la pérdida y al hecho de tener que huir de Madrid con su madre, no conservó nunca rencor hacia los autores de la muerte de su padre. Incluso años más tarde, al establecer su residencia en México, mantendría relación con diferentes personas procedentes del bando republicano, que se habían tenido que exiliar en ese país al finalizar la Guerra Civil española.En 1939, tras el fin de la guerra, Guadalupe regresó a la capital de España, donde completó su licenciatura en Químicas y comenzó a dar clase en varios colegios. Fue entonces, cuando conoció al fundador del Opus Dei y entendió que Dios la llamaba a formar parte, con una disponibilidad total y viviendo el celibato apostólico, de esta nueva institución nacida en el seno de la Iglesia católica. Corría el año 1944 y Guadalupe tenía 27 años. Desde aquel momento se dedicó a buscar la santidad personal a través de su trabajo y de su quehacer diario, además de ayudar a otras personas a hacer lo mismo. Su alegría era contagiosa, y patente su fortaleza para afrontar positivamente cualquier dificultad. Destacaba también por su optimismo y su generosidad con los demás.En 1950 el fundador del Opus Dei le planteó la posibilidad de ir a México. De inmediato respondió positivamente y se trasladó con ilusión a ese país. Allí puso en marcha las actividades formativas del Opus Dei, con todo tipo de personas. Entre sus primeros proyectos estuvo una residencia para estudiantes universitarias en la calle Copenhague de la capital mexicana. Guadalupe se ocupó también de manera especial de la formación de las mujeres campesinas y de impulsar un proyecto de enseñanza: la escuela rural Montefalco, donde estas personas aprendían a leer y a escribir, así como algunos oficios manuales.En 1956 dejó México para colaborar con san Josemaría en la dirección del Opus Dei en Roma. Sin embargo, al cabo de unos meses, una estenosis mitral en el corazón la llevó a tener que abandonar Roma y regresar a Madrid para recibir tratamiento médico. A partir de entonces permanecería ya en esa ciudad. Completó sus estudios de doctorado en Químicas y se incorporó al Instituto Ramiro de Maeztu como profesora y, posteriormente, como catedrática en la Escuela femenina de Maestría Industrial de la capital. En esa etapa se hizo cargo además del cuidado de su madre, a la vez que dirigía uno de los centros del Opus Dei y seguía con una intensa actividad profesional.A pesar de su delicada salud, no disminuyó su ritmo de trabajo, ni dejó de dedicarse con entusiasmo al apostolado con gente de todas las edades. También en esos años colaboró en la puesta en marcha del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Domésticas (CEICID), donde impartió clases de Química de Textiles.En 1975, la enfermedad de corazón que había ido deteriorando su salud, la obligó a someterse a una nueva intervención quirúrgica en Pamplona. Pese al éxito inicial de la operación, una insuficiencia respiratoria posterior agravó su estado de salud, y falleció el 16 de julio del mismo año. El pasado 5 de octubre sus restos fueron trasladados desde Pamplona al Oratorio del Caballero de Gracia de Madrid.


Santa Rafaela

Santa Rafaela María del Sagrado Corazón ( 1925)


Categoría: Santoral / Mayo

Publicado: 2026-02-26T23:42:32Z | Modificado: 2026-02-26T23:42:32Z