Santoral del Día

📌 Santoral del Día: 15 de Agosto


San Esteban de Hungría

San Esteban de Hungría,reyEn Alba Real (hoy Székesfehérvár), en Panonia, muerte de san Esteban, rey de los húngaros, cuya memoria se celebra mañana.El pueblo al que conocemos con el nombre de magiar, llegó a las comarcas de Hungría en los últimos años del siglo nueve, procedente de varios distritos al oriente del río Danubio, para instalarse en las riberas, bajo la dirección de un jefe único llamudo Arpad. Aquel pueblo estaba constituido por gente brava y guerrera; fue durante una de sus incursiones por Italia, Francia y las regiones del oeste, cuando se encontraron con el cristianismo. San Metodio y otros misioneros habían plantado la fe en puntos tan orientales de Europa como la Panonia; sin embargo, no fue sino al mediar el siglo décimo, cuando los magiares empezaron a tomar en consideración a la Iglesia. Geza, el tercer duque (vaivode), que gobernó al pueblo después de Arpad, vio la necesidad política del cristianismo y, alentado porsan Adalberto de Praga, se hizo bautizar y gran número de nobles lo imitaron. Pero. evidentemente, aquélla fue una conversión por conveniencia y la mayoría de los nuevos cristianos lo eran sólo de nombre. Sin embargo, hubo una excepción: Vaik, el hijo de Geza, quien recibió el bautismo al mismo tiempo que su padre. y se llamó Esteban (lstvan). Por entonces no tenía más de diez años y aún no había adquirido las costumbres y modos de pensar de los paganos. En 995, cuando cumplió veinte años, se casó conGisela, la hermana de Enrique, duque de Baviera, mejor conocido como el emperadorsan Enrique II, y, dos años más tarde, sucedió a su padre en el gobierno de los magiares.En seguida, Esteban se vio envuelto en guerras, pero acabó por doblegar a las tribus rivales y, una vez afirmada su posición, designó como primer arzobispo a san Astrik, a quien envió a Roma para obtener del Papa Silvestre II la aprobación para una auténtica organización eclesiástica en su país; al mismo tiempo, encomendó al arzobispo que pidiera al Pontífice que le confirmase el título de rey, el que sus súbditos querían darle desde tiempo atrás y que ahora estaba dispuesto a tomar, con mayor autoridad y majestad, para cumplir sus designios de promover la gloria de Dios y el bienestar de su pueblo. El Papa se mostró bien dispuesto a conceder lo que pedía, e incluso preparó una corona real para enviarla a Esteban, con sus bendiciones, de acuerdo, sin duda, con los deseos del emperador Otto III, quien entonces se encontraba en Roma. Al mismo tiempo, el Papa confirmó las fundaciones religiosas y las elecciones de obispos que Esteban había hecho. El propio Esteban salió de la ciudad al encuentro de sus embajadores y escuchó, de pie y con gran respeto, la lectura de las bulas pontificias. De ahí en adelante, siempre trató con grandes honores y respetos a todos los pastores de la Iglesia a fin de manifestar su propio sentido religioso y para inspirar a sus súbditos la devoción por todo lo que perteneciera al culto divino. El mismo san Astrik, que había traído la corona desde Roma, le consagró rey, con gran solemnidad, en el año de 1001. En realidad, la supuesta bula del papa Silvestre, que otorgaba el título de rey apostólico y legado apostólico a san Esteban, con derecho a portar la cruz de primado, fue falsificada, probablemente en el siglo XVII. La parte superior de la corona mandada por el papa encajaba en la parte inferior de otra corona que le dio el emperador Miguel VII al rey Geza, y ambas se conservan hasta hoy en Budapest. Sin embargo, auqneu la corona es dudosa y la bula falsa, hay pruebas positivas de que se le confirieron poderes especiales a san Esteban, equivalentes a los de «legado ad latere» por parte del Papa, aunque la afirmación de que se le invistió con el título de «rey apostólico» no tiene fundamento alguno.Con el propósito de arraigar firmemente el cristianismo en su reino y darle las mayores posibilidades para su progreso, el rey Esteban no creó sedes episcopales sino gradualmente, a medida que pudo echar mano de sacerdotes salidos de su propio pueblo. La primera sede episcopal de que se guarda registro fue la de Vesprem, pero no pasaron muchos años sin que se creara la de Esztergom, que llegó a ser la más importante y la sede del primado. El santo monarca mandó construir en Szekesfehervar una iglesia dedicada a Nuestra Señora, en la que posteriormente se consagraba y se sepultaba a los reyes de Hungría. En esa ciudad estableció el rey su residencia y, desde entonces, se llamó Alba Regalis, para distinguirla de la Alba Julia, en Transilvania. También terminó la construcción del gran monasterio de San Martín, iniciada por su padre. Hasta hoy existe ese monasterio, conocido como Martinsberg o Pannonhalma y es la casa matriz de la congregación de benedictinos en Hungría. El mantenimiento de las iglesias y sus pastores, así como el fondo de socorro para los pobres, se obtenían gracias a unos diezmos que había impuesto: cada diez poblaciones vecinas tenían la obligación de construir una iglesia y sostener a un sacerdote; por cuenta del rey corría el mobiliario de la iglesia, el adorno de los altares y los ornamentos del pastor. No sin vencer grandes dificultades, consiguió eliminar muchas de las costumbres y supersticiones bárbaras, derivadas de la antigua religión y, por medio de rigurosos castigos, logró reprimir las blasfemias, el asesinato, el robo, el adulterio y otros crímenes públicos. Recomendaba que todas las personas adultas, excepto los clérigos y religiosos, contrajeran matrimonio, pero prohibió las uniones entre cristianos e idólatras. El monarca era accesible a las gentes de todas las clases sociales y escuchaba atentamente las quejas de todos, pero atendía con especial benevolencia a los pobres y a los oprimidos, por considerar que, al recibirlos con solicitud, se honra a Cristo, quien nos dejó a los pobres en su lugar al abandonar la tierra.Se afirma que cierto día en que el rey, disfrazado de aldeano, recorría las calles para distribuir limosnas, un grupo de mendigos se aglomeró en torno suyo, lo derribó al suelo, le atropelló y, en el tumulto, le arrebató la bolsa del dinero y se apoderó de lo que estaba destinado a otros muchos. Esteban soportó con paciencia, con humildad y aun con buen humor aquel ultraje, puesto que se alegraba sinceramente por haber sufrido en el servicio de Nuestro Señor. Para seguirle la corriente, los cortesanos parecieron divertidos con el incidente y aun hicieron bromas; pero en realidad estaban muy preocupados por la seguridad del rey y le rogaron que no expusiera su persona a los peligros; sin embargo, el monarca insistió en que, aun a riesgo de su vida, jamás negaría una limosna a cualquier pobre que se la pidiese. El ejemplo de sus virtudes era más efectivo que cualquier sermón para todo el que caía bajo su influencia. Esto se puso de manifiesto palpablemente en su hijo, elbeato Emerico, a quien se debe el código de las leyes de san Esteban. El santo hizo que esas leyes, estudiadas para gobernar a un pueblo rudo, rebelde y recién convertido al cristianismo, fueran promulgadas en todos sus dominios. Pero sin duda, que las prudentes medidas no habían sido calculadas para apaciguar el descontento o la alarma entre los que aún se oponían a la nueva religión, y algunas de las guerras que san Esteban debió librar, tuvieron motivos tanto políticos como religiosos. Después de haber rechazado victoriosamente una invasión de los búlgaros, el rey emprendió la organización política de su pueblo. Comenzó por eliminar las divisiones entre las tribus; después, repartió el territorio en condados con un sistema de gobernadores y magistrados. De esta manera, por medio de una moderada aplicación de las ideas feudales que hacían de los nobles vasallos de la corona, consolidó la unidad de los magiares; al retener el dominio sobre la gente común, evitó que se acumulase el poder en manos de unos cuantos señores. A decir verdad, san Esteban fue el fundador y el arquitecto del reino independiente de Hungría. Pero como lo hace notar el padre holandista Paul Grosjean, si observamos a Esteban fuera de su marco histórico, nos dará una impresión tan falsa como si le comparamos con Eduardo el Confesor o Luis IX. Y por cierto que ese marco histórico fue muy rudo, violento y salvaje.A medida que pasaban los años, Esteban confiaba una parte cada vez mayor de sus responsabilidades a su único hijo; pero en el año de 1031, Emerico perdió la vida en un accidente de caza y el rey se dejó llevar por un profundo sufrimiento. «¡Dios le amaba y por eso se lo llevó a tan temprana edad!», gemía, atenazado por el dolor. La muerte de Emerico dejó sin heredero al trono y, los últimos años en la vida del monarca se vieron amargados por disputas familiares sobre la sucesión, a las que debió hacer frente mientras soportaba los sufrimientos que le causaban sus enfermedades físicas. Había cuatro o cinco personajes que reclamaban el trono para sí, incluso un tal Pedro, hijo de Gisela, la hermana de san Esteban (que no debe confundirse con la beata Gisela, esposa del rey), mujer cruel y ambiciosa que se había establecido en la corte desde la muerte de su esposo, porque estaba decidida a que su hijo ocupara el trono y, sin el menor escrúpulo, despiadadamente, se aprovechó de la mala salud de Esteban para conseguir sus fines. Por ese entonces, murió el santo, a la edad de sesenta y tres años, en la fiesta de la Asunción del 1038. Fue sepultado en una tumba contigua a la de su hijo, el beato Emerico, en Szekesfehervar. En su sepulcro se realizaron algunos milagros. Cuarenta y cinco años después de su muerte, a pedido del rey san Ladislao de Hungría, el papa San Gregorio VII hizo trasladar sus reliquias a un santuario construido dentro de la gran iglesia de Nuestra Señora, en Buda. Inocencio XI en 1686, fijó su fiesta para el 2 de septiembre, puesto que el emperador Leopoldo recuperó la ciudad de Buda de manos de los turcos en aquella fecha.Hay dos biografías antiguas sobre san Esteban que datan del siglo once y que se llaman Vita Major et Vita Minor. Estos textos los editó Pertz, en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores, vol. XI. A principios del siglo doce, el obispo Hartwig extrajo de esos materiales una biografía que se halla impresa en Acta Sanctorum, septiembre, vol. II. Pueden extraerse otros hechos relacionados con la vida del santo, de Chronica Ungarorum editada en Monumento, vol. I de Endlicher. La imagen proviene de las «Crónicas ilustradas», relato del siglo XII.fuente:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Napoleón

San Napoleón y San Saturnino, mártires. Los dos eran de muy noble familia y ocupaban altos cargos como funcionarios del Estado cuando estalló la persecuciónde Diocleciano y Maximiano. Después de ser cruelmente atormentados y ya moribundos, fueron encerrados en un calabozo, donde los dejaron abandonados hasta que murieron.


San Alipio de Tagaste

San Alipio de Tagaste,obispoConmemoración de san Alipio, obispo de Tagaste, en Numidia, que primero fue discípulo de san Agustín, después compañero suyo de conversión, colega en el ministerio pastoral, correligionario en la lucha contra los herejes y, finalmente, copartícipe con él de la gloria celeste.San Alipio nació hacia el año 360 en Tagaste, Africa, donde pocos años antes había nacidosan Agustín. Después de estudiar la gramática en Tagaste y la retórica en Cartago, bajo la dirección de san Agustín, Alipio se separó de su maestro a raíz de una disputa, aunque le conservó siempre gran afecto y respeto, al que san Agustín correspondía del mismo modo. En Cartago, Alipio se apasionó por el circo, como tantos otros de los habitantes de esa ciudad. San Agustín se afligió mucho al ver que aquel joven en el que había puesto tantas esperanzas, concentraba su atención en una diversión tan peligrosa; pero no podía hacer nada por evitarlo, pues el padre de Alipio le impedía todo trato con el joven. A pesar de la prohibición de su padre, Alipio se introdujo un día furtivamente en la escuela de Agustín a oír una de sus clases. San Agustín, para ilustrar el tema que explicaba, trajo a cuenta una comparación con el circo y aprovechó la oportunidad para reprender a los que se dejaban llevar por la pasión del circo. Aunque el santo no sabía que Alipio le escuchaba, el joven pensó que sus palabras se dirigían exclusivamente a él, se arrepintió de su debilidad y se propuso vencerla.Obedeciendo a los deseos de sus padres, quienes esperaban verle hacer una brillante carrera en el mundo, Alipio fue a Roma a estudiar leyes. Aunque ya había recorrido una buena parte del camino de la conversión al cristianismo, sus amigos le arrastraron un día a los bárbaros juegos del circo. Alipio les opuso toda la resistencia que pudo, diciéndoles: «Aunque me introduzcáis por la fuerza en el circo, no conseguiréis que vea el espectáculo; mi atención estará ausente, por más que mi cuerpo se halle presente». Sin embargo, sus amigos no desistieron y le hicieron entrar con ellos en el circo. Alipio cerró los ojos para no mirar el espectáculo. Desgraciadamente, como dice san Agustín, no cerró también los oídos; así pues, al oír un gran grito de la multitud, Alipio se dejó vencer por la curiosidad y abrió los ojos, con la intención de cerrarlos inmediatamente. Pero la curiosidad le hizo caer, lo cual demuestra que, con frecuencia, la única manera de evitar el pecado es evitar la ocasión. Uno de los gladiadores estaba herido; en vez de volver a cerrar los ojos al ver la sangre, Alipio siguió atentamente el salvaje espectáculo y se dejó embriagar por la brutal crueldad del combate. Olvidando sus buenas intenciones y confundiéndose en la multitud, contempló todos los detalles de la lucha, gritó como todos los demás y, en lo sucesivo, no sólo retornó al circo, sino que llevó consigo a otros compañeros. En esa forma se dejó arrastrar, de nuevo, por su antigua pasión. Y hay que notar que, si bien había en el circo algunas diversiones inocentes, había también espectáculos bárbaros y groseros. Pero la misericordia de Dios salvó a Alipio una vez más, y el joven aprendió así a desconfiar de sus fuerzas y a poner toda su confianza en el Señor. Sin embargo, su conversión tuvo lugar mucho tiempo después.Entre tanto, Alipio continuó sus estudios, vivió con castidad y cumplió escrupulosamente con sus deberes de ciudadano íntegro. Después de terminar sus estudios, desempeñó durante algún tiempo el oficio de juez con gran equidad y desinterés. Cuando Agustín fue a Roma, Alipio se mantuvo en estrecho contacto con él, le acompañó a Milán el año 384 y se convirtió al mismo tiempo que él al cristianismo. En la cuaresma del año 387, los nombres de los dos amigos fueron escritos en la lista de los «competentes». Alipio asistió fiel y fervorosamente a las instrucciones del catecumenado y recibió el baustismo de manos de san Ambrosio la víspera del día de Pascua, junto con san Agustín. Poco después, los dos amigos volvieron al África y se establecieron en Tagaste, donde con otros compañeros formaron una fervorosa comunidad dedicada a la penitencia y la oración. Sólo así consiguieron los dos santos sustituir sus costumbres mundanas por el hábito de las virtudes. Por otra parte, la soledad y el retiro eran necesarios para que ambos amigos se preparasen para la vida apostólica que habían de llevar más tarde. Tres años después de su llegada a Tagaste, san Agustín fue elegido obispo de Hipona; la comunidad se transladó entonces a esa ciudad. Alipio, después de recibir la ordenación sacerdotal, hizo una peregrinación a Palestina, donde conoció a San Jerónimo. A su vuelta al África, fue consagrado obispo de Tagaste, hacia el año 393. A partir de entonces, se convirtió en el brazo derecho de san Agustín, predicó infatigablemente y trabajó con gran celo por la causa de Dios y de la Iglesia. En una carta que escribió san Agustín a san Alipio el año 429, le llama «viejo». En efecto, san Alipio murió poco después.En Acta Sanctorum, agosto, vol. III, hay una biografía de san Alipio, bastante completa, que se basa principalmente en los escritos de san Agustín.fuente:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Categoría: Santoral / Agosto

Publicado: 2026-02-26T23:42:29Z | Modificado: 2026-02-26T23:42:29Z