📌 Santoral del Día: 13 de Diciembre
Santa Lucía de Siracusa
Santa Lucía,virgen y mártirMemoria de santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vivió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, ciudad de Sicilia, mereció entrar con Él a las bodas y poseer la luz indefectible.La fiesta de Santa Lucía es celebrada en Occidente y Oriente el mismo día, 13 de diciembre, y su nombre figura en el canon romano de la misa («Canon I»). Sus actas legendarias carecen de valor histórico, pero han tenido tal difusión, que no deben dejarse de lado, ya que forman parte indisoluble de la iconografía y el culto. Según esa historia tradicional, Lucía nació de ricos y nobles padres hacia el año 283; su padre era de origen romano, pero su temprana muerte la dejó a cargo de su madre, cuyo nombre, Eutychia, parece indicar un origen griego. Como muchos de los primeros mártires, Lucía había consagrado su virginidad a Dios, y esperaba poder dedicar todos sus bienes materiales al servicio de los pobres. Sin embargo, no había obtenido autorización de su madre para hacerlo, e incluso había sido prometida a un joven pagano.Sin embargo, Eutychia sufría de una hemorragia que no se le curaba, y Lucía la persuadió de emprender juntas una peregrinación a Catania, a unos 80 km de Siracusa, donde estaba la tumba de santa Ágata, virgen y mártir de la persecución de Decio, unos 50 años antes, en la que se obraban muchos milagros. La madre de Lucía resultó allí curada, y Lucía pudo persuadirla de que le permitiera realizar sus proyectos de consagración y caridad. Pero su prometido, despechado, la denunció a Pascasio, el gobernador de Sicilia, en el año 303, durante la feroz persecución de Diocleciano.Primero fue condenada a ser entregada a la infamia en un prostíbulo, pero con la fuerza de Dios quedó inmóvil y los guardias no la pudieron llevar. Qusieron entonces quemarla, pero de nuevo Dios la salvó. Por último, fue condenada a a morir por la espada. Pero antes de morir predijo el castigo de Pascasio y el pronto fin de la persecución, añadiendo que Diocleciano no reinaría más, y Maximiano encontraría su fin. Así que, fortalecida por el Pan de Vida, ganó la corona de la virginidad y el martirio. Algunas variantes de la leyenda, muy posteriores a las Actas, añaden historias relativas a sus ojos, por ejemplo que les fueron arrancados, pero igual podía ver, o que ella misma se los quitó para darlos a una joven que envidiaba su belleza. Este tema pictórco-simbólico, que se refleja en la iconografía en la que Lucía suele llevar sus propios ojos en una bandeja, probablemente venga sugerido más por el significado del nombre («luminosa») que por detalles milagrosos de la historia.El desarrollo de la historia es demasiado convencional y acomodado a un tipo de relato sobre los mártires que la fantasía popular reproducía casi automáticamente cuando carecía de datos sobre un santo. Sin embargo, si esto conviene al conjunto de la historia legendaria, la existencia de Lucía y su culto genuinamente antiguo están fuera de toda duda, y algunos detalles de la historia pueden ser aceptados:-El lugar y el momento de su muerte no pueden ser cuestionados, ocurrieron en ese tiempo y lugar episodios de martirio constatables.-Es notable la conexión con santa Ágata y la curación milagrosa de Eutychia, y es poco probable que haya sido introducida por un compilador piadoso que haya pretendido enlazar dos santos nacionales, ya que la historia se remonta a las Acta, probablemente originadas en el siglo quinto, una fecha temprana para suponer que ese enlace de historias se realizara artificialmente.-No puede haber ninguna duda de la gran veneración que se muestra a santa Lucía en la iglesia primitiva: es una de las pocas mujeres santas cuyos nombres aparecen en el canon de San Gregorio, y hay oraciones especiales y antífonas para ella en su «Sacramental» y «Antifonario».-En el cementerio de San Juan de Siracusa se descubrió una inscripción sobre santa Lucía, que data del siglo IV o de principios del V.-Por una carta de San Gregorio Magno, sabemos que en su época se dedicaron a Santa Lucía varias iglesias en Roma.San Aldelmo (muerto en 709) es el primer escritor que utiliza las Actas para realizar un relato completo de su vida y muerte, en prosa en el «Tractatus de laudibus virginitatis» (Tratado de las alabanzas de la virginidad) y de nuevo, en verso, en el poema «De Laudibus Virginum» (Alabanzas de las vírgenes). Tras él, Beda el Venerable inserta la historia en su martirologio.Con respecto a sus reliquias, Sigeberto (1030-1112), monje de Gembloux, en su «Sermo de sancta Lucia», dice que el cuerpo permaneció intacto en Sicilia durante 400 años, antes que Faroaldo, duque de Spoleto, capturara la isla y trasladara el cuerpo de la santa a Corfinium, en la Italia continental. De allí fue llevada por el emperador Otón I a Metz, en 972, y depositada en la iglesia de San Vicente; desde allí un brazo de la santa fue trasladado al monasterio de Luitburg, en la diócesis de Spira, hecho celebrado por Sigeberto en sus versos.La historia posterior de las reliquias no está clara. En su toma de Constantinopla de 1204, los franceses se encuentran algunas de las reliquias de la santa en esa ciudad, y el dux de Venecia las capturó para el monasterio de San Jorge en Venecia. En el año 1513 los venecianos regalaron a Luis XII de Francia la cabeza de la santa, que la depositó en la catedral de Bourges. Otro relato, sin embargo, afirma que la cabeza fue llevada a Bourges desde Roma, a donde había sido transferida cuando los restos descansaban en Corfinium. El culto se difundió muy rápidamente, y ya en el 384 san Orso le dedicaba una iglesia en Rávena, y poco después el papa Honorio I otra en Roma.«Tractatus de laudibus virginitatis», en PL, LXXXIX, 142, poema «De Laudibus Virginum», PL, LXXXIX, 266, o bien en Monumenta Germaniae Historica, Auct. antiquiss., vol. xv (1919), pp. 293-294 (en prosa), y líneas 1779-1841 (en verso). Ver delehaye, Comentario sobre el Martirologium Hieronymianum, p. 647. La iconografía es amplísima, ver Künstle, Ikonographie, vol. II. El conjunto de la narración y la bibliografía se basan en lso respectivos artículos de Butler-Guinea, vol IV, pág. 549-550 y James Bridge,«St. Lucy», Catholic Encyclopedia (1910).
San Pedro Cho Hwa-so
Santos Pedro Cho Hwa-so y cinco compañeros,mártiresEn el pueblo de Tjyen-Tiyou, en Corea, santos Pedro Cho Hwa-so, padre de familia, y cinco compañeros, mártires, los cuales, tentados por las promesas y tormentos del mandarin para que dejaran la religión cristiana, resistieron hasta sufrir la decapitación. Sus nombres son: san Pedro Yi Myong-so y Bartolomé Chong Mun-ho, padres de familia; Pedro Son Son-ji, padre de familia y catequista; José Pedro Han Chaekwon, que fue catequista; y Pedro Chong Won-ji, adolescente.Estos seis mártires coreanos confesaron intrépidamente su fe, fueron lisonjeados con la vida y la libertad y otras ventajas si apostataban, fueron atormentados al negarse a hacerlo y finalmente fueron decapitados en Tiyen-Tiyou el 13 de diciembre de 1866. Fueron canonizados el 6 de mayo de 1984 en Seúl por el papa Juan Pablo II. Estos son sus datos personales:Pedro Cho Hwa-so nace en la provincia coreana de Kyonggi el año 1815 hijo de Andrés Cho, que moriría mártir en 1839. Llegado a la edad adulta, ayudó primero al sacerdote Tomás Choe Yang-Op, pero luego se estableció en Songju Dong, donde vivían muchos cristianos, y con ellos formó una comunidad. Contrajo matrimonio con Magdalena Han, una piadosa cristiana, y tuvo con ella un hijo, San José Cho Yun-Ho, que también moriría mártir, pero ella murió pronto y Pedro perseveró en su soledad un tiempo pero luego, aconsejado por los fieles, volvió a casarse con otra cristiana, Susana Kim. Su trabajo catequístico era muy fructífero. Pero llegó la persecución y el 5 de diciembre de 1866 fue arrestado. Le pidió a su hijo que se escapara pero el hijo se negó a hacerlo. Se negó a revelar los nombres de los demás fieles y por ello él y su hijo sufrieron todo tipo de malos tratamientos e insultos. Lo tuvieron en una tienda detenido mientras arrestaban a los demás mártires, y animó a su hijo para que perseverara en la fe pese a todas las amenazas. Llevado a la cárcel, consoló a los demás presos y dedicó el resto de su tiempo a la oración, soportando las torturas con el pensamiento puesto en los dolores de Cristo en su pasión. Finalmente fue condenado a muerte. Ante la muerte conservó su rostro sereno, se santiguó y ofreció su cuello al verdugo, que, extrañado de su paz, le preguntó si estaba loco. A lo que respondió el mártir que si él fuera creyente abordaría la muerte de la misma manera.Pedro Yi Myong-so había nacido en 1821 en la provincia de Chungchong en una familia católica. En una de las persecuciones perdió todas sus propiedades y a punto estuvo de perder la vida. Debió entonces dejar su pueblo y su familia e irse a vivir a otra zona, terminando por establecerse en Songji Dong, donde abundaban los católicos. Logró recuperar su buen estado económico y hacerse granjero, viviendo confortablemente y llegando a conocer a sus nietos. Piadoso, caritativo y honesto, se granjeó el aprecio de todos. Colaboraba con gran celo en la obra evangelizadora y afirmaba que había que hacerse fuerte ante la perspectiva del martirio. Estaba enfermo y tenía pocas fuerzas físicas. Era muy amigo de San Pedro Cho Hwa-So, y se animaban mutuamente en el camino de la fe. La policía le propuso una noche que huyera. Él cayó en la trampa y preparó todo para huir, pero la policía que le esperaba le arrestó. Manifestó su fe y su perseverancia con gran energía y fue torturado hasta perder el conocimiento, pero ni apostató ni reveló los nombres de los otros cristianos.Bartolomé Chong Mun-ho había nacido en Imchom, provincia de Chungchong, en 1802. Fue jefe de su pueblo y participó en el gobierno de la provincia antes de ser cristiano, pero conoció el cristianismo y se bautizó. Por ser cristiano la gente de su pueblo lo rodeó de hostilidad hasta el punto de decidir él cambiar de vecindad e irse a vivir a Shinügol. Culto, distinguido, delicado de trato, no hacía distinción entre católicos y paganos a la hora de darles a todos un trato igualitario, afectuoso y correcto. Mucha gente le consultaba sus cosas e incluso gentes de otros pueblos venían a hablar con él. En su trato con la gente él de forma prudente y sin imposiciones dejaba caer la semilla de la palabra de Dios. Cuando alguien se mostraba interesado, él le transmitía con mucho amor la doctrina cristiana. Una noche fue arrestado, junto con otros creyentes, estando él mal de salud. Enviado al día siguiente a Chonju, fue interrogado y a causa de su debilidad estuvo a punto de sucumbir pero su amigo lo sostuvo. Aguantó las torturas y no apostató. Se le ofrecieron ventajas y puestos, pero conservó hasta su ejecución una conducta ejemplar y un ánimo sereno ante el verdugo.Pedro Son Son-ji había nacido en Koindol en Imchom, provincia de Chungchong. Cuando la persecución de 1839 dejó su pueblo y se fue a vivir en Shinügol. Había nacido en una familia distinguida, educado cristianamente y bautizado en la adolescencia. Muy erudito en doctrina cristiana, era muy estimado en la comunidad católica y se le confió el encargo de catequista, gozando de la confianza del santo padre Chastan. Casado y con dos hijos, era un padre ejemplar, y en la calle y en la casa era manso, amable y afectuoso. No solamente trabajó en un pueblo sino en varios más como evangelizador. Avisado de que volvía la persecución, no perdió la calma, y fue arrestado por la policía. Perseveró en la fe, y así se lo dijo también la policía a su madre, que intercedía por él. Enviado a Chonju e interrogado, confesó la fe y aguantó las torturas en las que le fue fracturado un brazo. Llegado al lugar de la ejecución, regaló sus ropas a los verdugos y exclamó: «Oh Señor, gracias por darme una tan gran bendición». Miró al cielo. Invocó a Jesús y a María y de dos tajos fue decapitado.José Pedro Han Chaekwon nace en 1836 en Chinjam, provincia de Chungchong, hijo de una católica, pero siendo pagano el resto de su familia. Al tiempo de su martirio se ganaba la vida como empleado de la administración en la ciudad de Chongyang. Era amable, servicial y bondadoso. Casado y con hijos, se portaba en todo como un verdadero cristiano, muy activo en la comunidad, de la que era catequista. Propagó el evangelio por los pueblos de la cercanía. Tenía mucha caridad con los pobres, al extremo de darle a uno de ellos su abrigo en invierno y pasar él mucho frío. Se llevaba magníficamente con su esposa, unidos ambos en el amor y la fe religiosa. Arrestado el 3 de diciembre de 1866, se le ofreció la libertad si apostataba, y su padre hizo cuanto pudo por que apostatara y salvara su vida. La tenaz insistencia de su padre no consiguió nada de él ni las torturas tampoco. Su propia familia le escribió que estaba en peligro de muerte por causa de él, pero no por ello apostató sino que afrontó con valentía la muerte por Cristo a los 30 años de edad.Pedro Chong Won-ji había nacido en Chinjam, provincia de Chungchong, en 1846, en una familia cristiana. Su padre al poco murió mártir y su madre murió cuando él era niño, de modo que muy pronto se vio solo, y anduvo de un sitio a otro. Por fin recaló en Songji Dong en Chonju. Era un chico creyente, bueno, respetuoso y trabajador. San Pedro Cho Hwa-So lo recogió en su casa, y se hizo muy amigo del hijo de su bienhechor, Yun-ho, que era casi de su misma edad. Contrajo matrimonio con una chica católica y con ella rezaba cada día las oraciones. Trataba a San Pedro Cho Hwa-So como a un verdadero padre. Con su hermano mayor trabajaba en una granja. Cuando se empezó a hablar de que iba a haber una nueva persecución, él le dijo a su esposa que estaba dispuesto a ser mártir. Cuando la policía irrumpió en la casa y arresto a San Pedro Cho Hwa-So, él huyó las montañas pero al día siguiente volvió. Lo encontró la policía y cuando ésta le preguntó si era católico dijo que no, pero aún así fue arrestado y llevado a la calle principal donde estaban los otros cristianos arrestados. Volvieron a preguntarle si era católico y él, pensando en su joven esposa, volvió a decir que no. Pero Pedro Cho Hwa-So le animó a que confesara su fe y entonces el joven dijo claramente a la policía que él sí era católico. A la policía le dio lástima de su juventud y le dijeron que siguiera negando su fe y sería libre pero él estaba ya decidido a seguir confesando la fe. Llevado a Chonju con los demás, volvió a titubear y otros se sintieron también en duda, pero San Pedro Cho Hwa-So los consoló y animó y juntos pidieron fuerza al Señor. Ante el magistrado recordó que era hijo de un mártir y confesó la fe. Pidió que no le atormentaran más sino que lo mataran ya. Fue decapitado con los demás mártires.fuente:«Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
Santa Odilia d Estrasburgo
Santa Otilia,abadesaEn Estrasburgo, de Burgundia, santa Otilia, virgen y primera abadesa del monasterio de Hohenburg, fundado por el duque Aldarico, su padre.En la época de Childerico II, había en Alsacia un señor feudal franco, llamado Adalrico, casado con Bereswinda. A fines del siglo VII, tuvieron una hijita ciega, que nació en Obernheim, en los Vosgos. Adalrico, que tomó esa desgracia como una ofensa personal y una injuria al honor de su familia, en la que nunca había sucedido nada semejante, se dejó arrastrar por una cólera que no entendía razones. En vano trató su esposa de explicarle que era la voluntad de Dios, quien sin duda quería manifestar su poder en la niña. Adalrico no le prestó oídos, e insistió en que había que matar a la cieguita. Finalmente, Bereswinda consiguió disuadirle de ese crimen, pero para ello tuvo que prometerle que enviaría a su hija a otra parte sin decir a qué familia pertenecía. Bereswinda cumplió la primera parte de su promesa, pero no la segunda, ya que confió la niña al cuidado de una campesina que había estado antiguamente a su servicio y le dijo que era su hija. Como los vecinos de la campesina empezasen a hacerle preguntas embarazosas, Bereswinda la envió con toda su familia a Baumeles Dames, cerca de Besançon, donde había un convento en el que la niña podría educarse más tarde. Allí vivió hasta los doce años, sin haber sido bautizada, aunque no sabemos por qué razón. Por entonces,san Erhardo, obispo de Ratisbona, tuvo una visión en la que se le ordenó que fuese al convento de Baume, donde encontraría a una joven ciega de nacimiento; debía bautizarla y darle el nombre de Otilia, y con ello recobraría la vista. San Erhardo fue a consultar asan Hidulfoen Moyenmoutier y, juntos, se dirigieron a Baume, donde encontraron a la joven y la bautizaron con el nombre de Otilia. Despúes de ungirle la cabeza, san Erhardo le pasó el crisma por los ojos y, al punto, obtuvo la vista.Otilia se quedó a servir a Dios en el convento. Pero el milagro del que había sido objeto y los progresos que comenzó a hacer en sus estudios, provocaron la envidia de algunas de las religiosas y éstas empezaron a hacerle la vida difícil. Santa Otilia escribió entonces a su hermano Hugo, del que había oído hablar, y le pidió que la ayudara como se lo dictase el corazón. Entre tanto, san Erhardo había comunicado a Adalrico la noticia de la curación de su hija. Pero aquel padre desnaturalizado se encolerizó más que nunca y prohibió a Hugo que fuese a ayudarla y que revelase su identidad. Hugo desobedeció y mandó traer a su hermana. Un día en que Hugo y Adalrico estaban en una colina de los alrededores, Otilia se presentó en una carreta, seguida por la muchedumbre. Cuando Adalrico se enteró de quien era y supo por qué había ido, descargó su pesado bastón sobre la cabeza de Hugo y lo mató de un golpe. Pero los remordimientos le cambiaron el corazón, de suerte que empezó a amar a su hija tanto cuanto la había odiado antes. Otilia se estableció en Obernheim, con algunas compañeras que se dedicaron como ella a los actos de piedad y a las obras de caridad entre los pobres. Al cabo de un tiempo, Adalrico determinó casar a su hija con un duque alemán. Otilia emprendió la fuga. Cuando los enviados de su padre estaban ya a punto de capturarla, se abrió una grieta en la roca, en Schossberg, cerca de Friburgo en Brisgovia y allí se escondió la santa. Para conseguir que volviese, Adalrico le prometió regalarle el castillo de Hohenburg. Otilia lo transformó en monasterio y fue la primera abadesa. Como las montañas eran muy escarpadas y hacían difícil el acceso a los peregrinos, santa Otilia fundó otro convento, llamado Niedermünster, en un sitio más bajo, y edificó una posada junto a él.Se cuenta que la santa, poco después de la muerte de su padre, vio que sus oraciones y penitencias le habían sacado del purgatorio. San Juan Bautista se apareció a Otilia y le indicó el sitio y las dimensiones de una capilla que debía construirse en su honor. Se cuentan muchas otras visiones de la santa y se le atribuyen numerosos milagros. Después de gobernar el convento durante muchos años, santa Otilia murió el 13 de diciembre, alrededor del año 720.He aquí en resumen la leyenda de Santa Otilia. Los datos son poco seguros, pero la devoción del pueblo cristiano a la santa es innegable. El santuario y la abadía de Santa Otilia fueron importantes centros de peregrinación en la Edad Media. Todos los emperadores, desde Carlomagno a Carlos IV, les concedieron privilegios. Entre los personajes ilustres que fueron en peregrinación a Hohenburg, se cuenta a san León IX, que era entonces obispo de Toul y también, según se dice, a Ricardo I de Inglaterra. Las gentes del pueblo realizaban asimismo grandes peregrinaciones. Desde antes del siglo XVI se veneraba a santa Otilia como patrona de Alsacia. Según la tradición, la santa hizo brotar una fuente para dar agua a las religiosas y a los peregrinos. Los enfermos de los ojos suelen lavarse en esa fuente, al mismo tiempo que invocan la intercesión de santa Otilia. La misma costumbre se practica en Odolienstein de Brisgovia, en el sitio en que la roca se abrió para ocultar a la santa. Al cabo de muchas vicisitudes, el santuario de Santa Otilia y las ruinas de su monasterio pasaron a poder de la diócesis de Estrasburgo. Desde mediados del siglo pasado, Odilienberg se ha convertirlo de nuevo en sitio de peregrinación. Las reliquias de la santa reposan en la capilla de San Juan Bautista, que es una construcción medieval y ocupa el sitio de la antigua capilla construida por Otilia en honor del santo. Actualmente, suele darse a dicha capilla el nombre de Santa Otilia.W. Levison publicó el texto de una biografía de santa Otilia, que data del siglo X, en Monumenta Germaniae Historica, Scríptores Merov., vol. VI (1913), pp. 24-50; y cf. Analecta Bollandiana, vol. xrrt (1894), pp. 5-32 y 113-121. Según Levison, la biografía contiene muy pocos datos fidedignos. Santa Otilia sigue siendo una de las santas más populares, no sólo en Alsacia, sino también en Alemania y en toda Francia. Existe una literatura considerable sobre santa Otilia, como puede verse por las referencias de Potthast, Wegweiser, vol. II, p. 1498. Acerca de Santa Otilia en el arte, véase Künstle Ikonographie, vol. II, pp. 475-478, y C. Champion, Ste Odile (1931) . En la época de las batallas de Verdún, en la primera guerra mundial, se atribuyó a Santa Otilia una profecía apócrifa que hizo sonar mucho su nombre. Lo mismo sucedió, aunque en menor escala, en la segunda guerra mundial.fuente:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI............................................En la época de Childerico II, habíaen Alsacia un señor feudal franco, llamado Adalrico, casado conBereswinda. A fines del siglo VII, tuvieron una hijita ciega,que nació en Obernheim, en los Vosgos. Adalrico, que tomóesa desgracia como una ofensa personal y una injuria alhonor de su familia, en la que nunca había sucedidonada semejante, se dejó arrastrar por una cólera que noentendía razones. En vano trató su esposade explicarle que era la voluntad de Dios, quien sinduda quería manifestar su poder en la niña. Adalrico nole prestó oídos, e insistió en que había que matara la cieguita. Finalmente, Bereswinda consiguió disuadirle de ese crimen,pero para ello tuvo que prometerle que enviaría a suhija a otra parte sin decir a qué familia pertenecía. Bereswinda Cumplió la primera parte de su promesa,pero no la segunda, ya que confió la niña alcuidado de una campesina que había estado antiguamente a suservicio y le dijo que era su hija. Como losvecinos de la campesina empezasen a hacerle preguntas embarazosas, Bereswindala envió con toda su familia a Baumeles Dames, cercade Besancon, donde había un convento en el que laniña podría educarse más tarde. Ahí vivió ésta hasta losdoce años, sin haber sido bautizada, aunque no sabemos porquerazón. Por entonces, San Erhardo, obispo deRaisbona, tuvo una visión en la que se le ordenóque fuese al convento de Baume, donde encontraría a unajoven ciega de nacimiento; debía bautizarla y darle el nombrede Otilia, y con ello recobraría la vista. San Erhardofue a consultar a San Hidulfo en Moyenmoutier y, juntos,se dirigieron a Baume, donde encontraron a la joven yla bautizaron con el nombre de Otilia. Despúes de ungirlela cabeza, San Erhardo le pasó el crisma por losojos y, al punto, recobró la vista. Otilia se quedó a servir a Dios enel convento. Pero el milagro del que había sido objetoy los progresos que empezó a hacer en sus estudios,provocaron la envidia de algunas de las religiosas y éstasempezaron a hacerle la vida difícil. Santa Otilia escribió entoncesa su hermano Hugo, del que había oído hablar yle pidió que la ayudara como se lo dictase elcorazón. Entre tanto, San Erhardo, había comunicado a Adalrico lanoticia de la curación de su hija. Pero aquel padredesnaturalizado se encolerizó más que nunca y prohibió a Hugoque fuese a ayudarla y que revelase su identidad. Hugo desobedeció y mandó traer a su hermana.Un día en que Hugo y Adalrico estaban en unacolina de los alrededores, Otilia se presentó en una carreta,seguida por la muchedumbre. Cuando Adalrico se enteró de quienera y supo porque había ido, descargó su pesado bastónsobre la cabeza de Hugo y lo mató de ungolpe. Pero los remordimientos le cambiaron el corazón, de suerteque empezó a amar a su hija tanto cuanto lahabía odiado antes. Otilia se estableció en Obernheim, con algunascompañeras que se dedicaron como ella a los actos depiedad y a las obras de caridad entre los pobres. Al cabo de un tiempo, Adalrico determinócasar a su hija con un duque alemán. Otilia emprendióla fuga. Cuando los enviados de su padre estaban yaa punto de capturarla, se abrió una grieta en laroca, en Schossberg, cerca de Friburgo en Brisgovia y ahíse escondió la santa. Para conseguir que volviese, Adalrico leprometió regalarle el castillo de Hohenburg. Otilia lo transformó enmonasterio y fue la primera abadesa. Como las montañas eranmuy escarpadas y hacían difícil el acceso a los peregrinos,Santa Otilia fundó otro convento, llamado Niedermunster, en un sitiomás bajo, y edificó una posada junto a él. Se cuenta que la santa, poco despuésde la muerte de su padre, vio que sus oracionesy penitencias le habían sacado del purgatorio. San Juan Bautistase apareció a Otilia y le indicó el sitio ylas dimensiones de una capilla que debía construirse en suhonor. Se cuentan muchas otras visiones de la santa yse le atribuyen numerosos milagros. Después de gobernar el conventodurante muchos años, Santa Otilia murió el 13 de Diciembre,alrededor del año 720.
Publicado: 2026-02-26T23:42:30Z | Modificado: 2026-02-26T23:42:30Z