📌 Santoral del Día: 10 de Diciembre
Santa Eulalia de Mérida
Santa Eulalia de Mérida,virgen y mártirSanta Eulalia, virgen y mártir, que, según se cuenta, en Mérida, población de Lusitania, siendo aún joven no dudó en ofrecer su vida por confesar a Cristo.El santoral español registra tradicionalmente dos Eulalias vírgen y mártir: la de Mérida y la de Barcelona, las dos en el siglo IV. Sus noticias se han esparcido de manera mezclada, y no es raro encontrar, ya desde la antigüedad, escritos donde se cuenta de la de Barcelona lo que corresponde a la de Mérida. El Martirologio Romano actual, en su edición 2004, ha optado por retirar la inscripción de santa Eulalia de Barcelona, por considerarla una duplicación de la Eulalia que conmemoramos hoy.Santa Eulalia de Mérida es una mártir conocida y querida en España, en especial en Mérida, naturalmente, pero también en Andalucía, en Murcia y en Asturias. La encontraremos en las tradiciones populares con el nombre original de Eulalia («de hermoso hablar»), Olalla u Olaya. El primer poema completo en lengua ástur que se conserva, del siglo XVII, está referido a esta santa, y trata de la cuestión de las reliquias de Eulalia, que están -incluso hasta la actualidad- en Oviedo. Su culto se extendió también fuera de las fronteras de España. Era conocida en África, donde san Agustín predicó un sermón en su homenaje (313G); también Beda el Venerable la menciona en el himno que compuso en honor de santa Etelreda y san Adelmo, y el poema francés más antiguo que existe, la «Cantiléne de Sainte Eulalie», del siglo IX, relata la vida de la santa.Su martirio se nos narra en uno de los poemas de Prudencio «Peristephanon» («Sobre las coronas», dedicados a los mártires): el martirio de santa Eulalia ocupa el Canto III. Puesto que se puede datar el poema de Prudencio como anterior al 410, podemos asegurarnos de que escribía acerca de una tradición que él mismo pudo haber recibido de primera mano, y nos muestra también que el culto de la mártir gozaba ya para esa época de difusión entre las grandes historias que circulaban.Eulalia habría sido una cristiana muy joven, de apenas doce años, que, aleccionada por el ejemplo de los mártires, se enciende en deseos de dar su sangre por Cristo. Habiéndose proclamado por orden de Daciano, el cruel prefecto de Diocleciano, en el 304, un decreto obligando a la adoración de los dioses paganos, sus padres la retiran (al campo o a una torre, según distintas versiones), pero ella escapa y va a la ciudad de Mérida, se presenta ante el juez y da allí un testimonio público en favor de los cristianos:«Os ruego respondáis: ¿qué significaese furioso empeño, que a las almasde perdición en el tremendo abismoanhela ver al fin, precipitadas;y a corazones, de su ruina pródigos,al escollo de eterno mal arrastra?Negar a Dios, omnipotente Padre,¿no es el colmo, decidme, de la insania?[...]Isis, Apolo, Venus; todos estos,y el mismo Maximiano, ¿qué son? nada.Aquellos porque son sólo figurashechas por mano humana,éste porque a las frívolas hechuras,de las manos adora y las ensalza.Nada son ambas cosas:una y otra son fútiles y vanas.Maximiano, que es dueño de riquezas,y a las piedras, no obstante, sirve y ama,prostituya y ofrezca su personaa sus númenes: sea. Mas, ¿qué alcanzacon afligir, injusto,y molestar a generosas almas?»Ante semejante discurso la apresan inmediatamente y es el turno ahora del procurador de hacerla «razonar» de qué poco se le pide para dejarla en paz, y cuán fácil le sería librarse de los tormentos, basta sólo ofrecer un sacrificio mínimo a los dioses:«... un poquito de sal, no más, tocaraso exiguos granos de aromoso incienso...»Pero Eulalia, lejos de retroceder ante las amenazas, se enciende aun más en su testimonio. Mientras los soldados la hieren «penetrando sus hierros hasta el hueso», Eulalia dialoga con Jesús, a quien le dice que está escribiendo su Pasión (la de Jesús) con los caracteres de su propia sangre (la de Eulalia). Finalmente la queman, y muere asfixiada. Su alma sale en forma de paloma de su cuerpo, y vuela hacia la eternidad a la vista de todos, y el cielo, para enfriar el cuerpo y cubrir la desnudez de la virgen, descarga sobre el anfiteatro una copiosa nevada.Es difícil evaluar qué debe admirarse más, si la gesta de Eulalia o la maestría del poeta al contarla, pero ¿qué duda cabe? sea como hayan sido los hechos, sea cuanto haya de adorno literario, el martirio de Eulalia emociona, no por la narración sino porque deja al desnudo la nada de lo que el mundo hace gala, y muestra que la Verdad no es la aliada natural de la fuerza, sino de la debilidad, y que aunque tengamos «sólo palabras» y el mundo hierros, el «buen hablar», el hablar de Dios, es quien finalmente se impone por sobre el ruido de los hierros del mundo.Otro poeta, esta vez del siglo XX, cantará a santa Eulalia en su martirio:Nieve ondulada reposa.Olalla pende del árbol.Su desnudo de carbóntizna los aires helados.Noche tirante reluce.Olalla muerta en el árbol.Tinteros de las ciudadesvuelcan la tinta despacio.Negros maniquíes de sastrecubren la nieve del campoen largas filas que gimensu silencio mutilado.Nieve partida comienza.Olalla blanca en el árbol.Escuadras de níquel juntanlos picos en su costado.*Una custodia relucesobre los cielos quemadosentre gargantas de arroyoy ruiseñores en ramos.¡Saltan vidrios de colores!Olalla blanca en lo blanco.(Martirio de santa Olalla, parte III, de Federico García Lorca, en el Romancero Gitano)
San Gregorio III
San Gregorio III,papaEn Roma, en la basílica de San Pedro, san Gregorio III, papa, que procuró la predicación del Evangelio a los germanos y, en contra de los iconoclastas de la Urbe, adornó las iglesias con sagradas imágenes.Entre los miembros del clero que asistieron a los funerales del papasan Gregorio II, el año 731, se contaba un sacerdote sirio. Era éste tan conocido por su santidad, saber y capacidad administrativa, que el pueblo, al verle en la procesión, le eligió espontáneamente papa por aclamación. El nuevo Pontífice tomó el nombre de Gregorio III. De la administración de su predecesor heredó el problema de las relaciones con el emperador León III el Isáurico, quien había emprendido una campaña contra la veneración de las sagradas imágenes. Uno de los primeros actos de Gregorio III fue escribir una carta de protesta. Pero el sacerdote Jorge, a quien encargó de llevarla, se dejó vencer por el miedo y regresó a Roma sin cumplir el encargo. El papa se indignó tanto, que lo amenazó con degradarle. Jorge partió nuevamente; pero en Sicilia fue sorprendido por los oficiales imperiales quienes le desterraron. Entonces Gregorio III reunió un sínodo en Roma. Los obispos, el bajo clero y los laicos, aprobaron el decreto de excomunión contra todos los que condenasen las sagradas imágenes o las destruyesen. León el Isáurico empleó para vengarse el mismo método de algunos de sus predecesores, es decir que envió una flota a Roma para conducir al papa a Constantinopla. Sin embargo, una tempestad destruyó los navíos y el emperador tuvo que contentarse con imponer su dominio sobre los Estados Pontificios de Sicilia y Calabria y reconocer la jurisdicción del patriarca de Constantinopla sobre todo el oriente de la Iliria.A esta triste iniciación del pontificado de Gregorio III sucedió un período de paz, durante el cual, el papa reconstruyó y decoró cierto número de iglesias y mandó erigir una columnata ante la «confesión de San Pedro»; en cada columna había una imagen del Señor o de algún santo, y ante ella brillaba una lámpara, como una muda protesta contra la herejía iconoclasta. El Pontífice envió el palio asan Bonifacio, que estaba en Alemania. Cuando el santo misionero inglés hizo su tercera visita a Roma, el año 738, Gregorio escribió a los «antiguos sajones» una carta compuesta a base de citas de la Biblia, que tal vez no decían gran cosa a los destinatarios, pues eran paganos. San Gregorio envió al monje ingléssan Wilibaldoa ayudar a san Bonifacio.Hacia el fin de la vida de san Gregorio, los lombardos amenazaron nuevamente Roma. El papa pidió ayuda a Carlos Martel y a los francos, no al emperador de Oriente. Pero pasó bastante tiempo antes de que Carlos Martel se decidiese e intervenir. Gregorio escribió también a los obispos de Toscana, para exhortarlos a hacer todo lo posible por recobrar las ciudades que habían caído en manos de los lombardos; si no lo hacían, «yo mismo, aunque estoy enfermo, emprenderé el viaje para ir a libraros de la responsabilidad de no ser fieles a vuestro deber». El 22 de octubre de 741 murió Carlos Martel. Unas cuantas semanas más tarde, el 10 de diciembre, le siguió san Gregorio III. El Liber Pontificalis afirma que fue «un hombre profundamente humilde y verdaderamente sabio. Conocía muy bien la Sagrada Escritura y su sentido, y sabía de memoria los salmos. Fue un predicador elegante, que tuvo mucho éxito. Dominaba el griego y el latín, y defendió con constancia la fe católica. Amó la pobreza y a los pobres, protegió a las viudas y a los huérfanos y fue amigo de los monjes y de las religiosas.»Mann en «History of the Popes», vol. 1, pte. 2, pp. 204-224; y Hartmann, Geschichte Italiens im Mittelalter, vol. II, pte. 2, pp. 169 ss. En Español, H. Jedin,Historia de la Iglesia, Herder, tomo III, pág 55ss. (habla del pontificado de Gregorio III en todo el contexto de cambio en la Iglesia de Occidente). puede verse también el breve capítulo sobre san Gregorio III en «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 134-135.fuente:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Santo Edmundo Gennings
Santos Edmundo Gennings y Suintino Wells,mártiresEn Londres, en Inglaterra, santos mártires Edmundo Gennings, presbítero, y Suintino Wells, los cuales, en tiempo de la cruel persecución durante el reinado de Isabel I, fueron condenados a la pena capital, el primero por ser sacerdote, y el segundo por haberle hospedado, y los ahorcaron, colgados en la puerta de su casa, y martirizaron hasta la muerte.La siguiente noticia corresponde al conjunto de los santos Edmundo Gennings, Suintino Wells, Poliodoro Plasden y Eustacio White, y los beatos Brian Lacy, Juan Mason y Sidney Hogdson, que el Martirologio inscribe este mismo día en dos noticias separadas.El 18 de octubre de 1591, se promulgó un edicto real sobre la aplicación de las leyes contra los católicos en Inglaterra. El 10 de diciembre, murieron en Londres los primeros siete mártires del nuevo régimen. Entre ellos el principal era san Edmundo Gennings. Este sacerdote había nacido en Lichfield en 1567 y había sido educado en el protestantismo. Su hermano cuenta que de niño era muy serio y muy dado a mirar las estrellas, tanto en el sentido literal como en el figurado. A los dieciséis años, Edmundo entró a servir de paje en casa de un noble católico. Pronto se reconcilió con la Iglesia e ingresó en el Colegio Inglés de Reims. Parecía que la mala salud le iba a impedir realizar sus deseos pero sanó milagrosamente y pudo ordenarse a los veintitrés años, después de obtener la dispensa de edad. El P. Genings dio testimonio de la fe aun antes de salir de Francia; en efecto, en abril de 1590, cuando se dirigía a la corte con otros compañeros, los hugonotes los asaltaron, los robaron y los tuvieron prisioneros durante tres días. La expedición desembarcó en Whitby con grave peligro. El P. Genings consiguió llegar a su ciudad natal, donde se enteró de que todos sus parientes habían muerto, excepto su hermano Juan, que estaba en Londres. Allí le buscó en vano durante un mes y ya había determinado partir de la ciudad, cuando se topó inesperadamente con Juan, en Ludgate Hill. Juan no manifestó especial alegría al ver a Edmundo, pues sospechaba que era sacerdote. En seguida le vaticinó que, si estaba ordenado, lo pagaría con la vida y acarrearía la ruina y el descrédito a sus amigos. Al oír aquello, Edmundo comprendió que no era el momento oportuno para hacer el intento de convertir a su hermano, y se retiró al campo1.En el otoño de 1591, regresó a Londres y celebró la misa en la casa de san Suintino Wells, quien vivía en Gray's Inn Lane.El señor Wells era el sexto hijo de Tomás Wells, gentilhombre de Brambridge, en Winchester. Según parece, vivió apaciblemente en el campo hasta la madurez, hizo algunos viajes al extranjero y sirvió en casa de algunos nobles. «Era un hombre de ágil inteligencia, dominaba diversos idiomas... amaba ciertas diversiones honestas e inocentes, y era siempre muy devoto en la oración...» Durante seis años, se ocupó en la «tarea más elevada de instruir a algunos jóvenes de la nobleza en virtud y letras», es decir que dirigió una escuela en Monkton Farleigh de Wiltshire. En 1585, se trasladó a Londres con Margarita, su esposa. Durante los seis años siguientes, estuvo preso por lo menos dos veces a causa de la fe y fue sometido a severos interrogatorios. El 8 de noviembre, cuando el P. Genings celebraba la misa en casa del Sr. Wells en presencia de unos cuantos católicos, llegó Topcliffe, el famoso «atrapa-curas», con una escolta. Los fieles hicieron lo posible para detener a Topcliffe y a sus hombres hasta que terminó la misa, pero inmediatamente después, éste tomó prisioneros a san Edmundo, a san Poliodoro Plasden, que era también sacerdote, a los beatos Juan Mason y Sidney Hodgson, a la Sra. Wells y a algunos otros. El Sr. Wells que estaba ausente, fue arrestado poco después.Los jueces condenaron a muerte a Edmundo Genings y a Poliodoro Plasden por haber vuelto a Inglaterra a ejercer el ministerio sacerdotal, al Sr. Wells por haberlos hospedado, a la Sra. Wells, a Mason y a Hodgson por haberles prestado ayuda2.San Edmundo fue ahorcado, arrastrado y descuartizado. A san Swithin se le ahorcó en Gray's Inn Fields, muy cerca de la casa del Sr. Wells. En el camino de Newgate al sitio de la ejecución, Swithin gritó a alguien que se hallaba entre la multitud: «¡Adiós, amigo mío! ¡Adiós a la caza y a los buenos tiempos! Me voy a un mundo mejor». San Edmundo no había perdido aún el conocimiento, cuando comenzaron los verdugos a descuartizarle, puesto que lanzó gemidos de dolor. Su compañero de martirio le dijo: «¡Pobre amigo mío! Tus sufrimientos son muy grandes, pero están a punto de terminar. Pide por mí, santo de Dios, para que mis sufrimientos lleguen pronto». El verdugo y algunos de los presentes afirmaron que había invocado a san Gregorio mientras le arrancaban el corazón y las entrañas. Swithin se quejó de que, a pesar de su avanzada edad, le tuviesen en camisa a la intemperie, mientras preparaban la ejecución y, cuando llegó el momento dijo al verdugo: «Pido a Dios que haga de vos otro San Pablo, como lo hizo con Saulo». Topcliffe se acercó para decir a san Swithin: «Ya veis, Sr. Wells, a dónde os han conducido vuestros sacerdotes». Él replicó serenamente, ya con la soga al cuello: «Estoy muy feliz y doy gracias a Dios por haberme permitido albergar a tantos sacerdotes santos». Los santos Poliodoro, Juan y el beato Sidney, fueron ejecutados el mismo día, 10 de diciembre, en Tyburn. Con ellos sufrieron el martirio los beatos Eustacio White y Brian Lacey.Lacey era un gentilhombre de Yorkshire, primo y compañero delbeato Montford Scott. Después de ser torturado, se le condenó a la horca por haber ayudado y albergado al P. Scott. El delator había sido el propio hermano de Brian Lacey. Eustacio White, originario de Louth e hijo de padres protestantes, se había ordenado sacerdote en Roma. Cuando Eustacio se convirtió, su padre le maldijo. Ejerció su ministerio durante tres años en el oeste de Inglaterra, hasta que fue delatado, en Blanford, por su abogado, con el que había hablado con demasiada libertad sobre la religión. Durante el tiempo en que estuvo prisionero en Blanford causó tan buena impresión entre los protestantes del lugar, que éstos comentaban abiertamente su propósito de pedir a la reina que le pusiese en libertad. No obstante aquellas intenciones, el santo fue trasladado a Londres y tratado con gran crueldad. Estuvo más de seis semanas en Bridwell cargado de cadenas y mal alimentado; Topcliffe le torturó siete veces con la esperanza de que indicase los nombres de las personas que le habían dado albergue y de los sitios en que había celebrado la misa. Los jueces le condenaron por ser sacerdote. Fue martirizado en Tyburn el mismo día y en la misma forma que san Edmundo Genings. San Polidoro Plasden fue descuartizado después de su muerte.nota 1: El propio Juan Genings confiesa que «más bien se alegró de la temprana y cruel muerte de su pariente más próximo, pues esperaba así verse libre de las exhortaciones que le haría para que se convirtiese al catolicismo». Pero, diez días después del martirio de su hermano, Juan cambió súbitamente: se convirtió al catolicismo, ingresó en la orden franciscana y llegó a ser provincial de Inglaterra.nota 2: La Sra. Wells fue indultada y murió en la prisión once años más tarde. Su causa de beatificación no se ha llevado adelante por falta de pruebas.Catholic Record Society, vol. V (1908) , sobre todo pp. 204 ss., 131 ss., y passim. Véase también el artículo de Memories of Misionary Priests, pp. 169-185; B. Camm, Tyburn and the English Martyrs (1904), pp. 60-72; y J. H. Pollen, Acts of the English Martyrs, pp. 98-127.fuente:«Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Publicado: 2026-02-26T23:42:30Z | Modificado: 2026-02-26T23:42:30Z