Misa del Día

Santa Misa del día

Martes 3 de Febrero de 2026

Lecturas y oraciones

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SAN BLAS, obispo y mártir

Un contacto sanador

El culto a san Blas, obispo de Sebaste (Armenia), hacia el año 320, se extendió por el Occidente desde el siglo XI gracias a todos los milagros que la tradición le atribuía. Se le conoce como abogado especial de enfermedades de la garganta. Se han construido desde entonces muchos templos en su honor.

En vez de la Misa de san Blas, que va a continuación, se puede celebrar Misa de feria (la del domingo anterior o de cualquier domingo del Tiempo Ordinario), con las lecturas de hoy, la de *san Óscar (p. 31) o alguna Misa votiva.

En una ocasión escuché a alguien de mi pueblo decir: “El abrazo es un don para que sepamos que se puede mostrar el cariño sin palabras”, expresando así el alcance sanador de “tocar”. Esto resulta significativo porque los dos milagros que Marcos presenta suceden a través del contacto físico: la mujer toca la túnica de Jesús y él toma de la mano a la niña. Lo más llamativo es que, según las leyes de pureza de la época, ambas mujeres eran consideradas impuras: una, por su flujo de sangre; la otra, por estar muerta. Ambas transmitían su impureza a quienes las tocaran o se dejasen tocar. Sin embargo, lo más esperanzador es que Jesús no teme al contacto, pues permite que la mujer lo toque y él mismo toma de la mano a la niña. No teme tocar a nadie, ni ser tocado, sobre todo si esas personas necesitan un contacto dignificante y sanador. El Papa Francisco decía: “Aprendamos esto: frente a los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, frente a las heridas del alma, frente a las situaciones que nos abaten e incluso frente al pecado, Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros, Dios no nos juzga; al contrario, él se acerca para dejarse tocar y para tocarnos, y siempre nos levanta de la muerte”.

¿Qué podemos hacer para que nuestras relaciones interpersonales, incluido el contacto físico, sean aliviadoras y sanadoras?



ANTÍFONA DE ENTRADA

El Señor le concedió un duro combate, para que supiera vencer, porque la sabiduría es más poderosa que todo.


ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, a tu pueblo que, con la ayuda del mártir san Blas, te suplica le concedas gozar de paz en la vida presente, y tu auxilio para alcanzar la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo…


PRIMERA LECTURA

Hijo mío, Absalón, ojalá hubiera muerto yo en tu lugar.

Del segundo libro de Samuel: 18, 9-10. 14. 24-25. 30–19, 3

En aquellos días, después de haber sido derrotado por los hombres de David, Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en una mula, y al meterse la mula bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón se le atoró la cabeza entre las ramas y se quedó colgando en el aire y la mula siguió corriendo. Uno de los soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: “Acabo de ver a Absalón colgando de una encina”. Joab se acercó a donde estaba Absalón, tomó tres flechas en la mano y se las clavó en el corazón.

Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla, levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para avisarle. El rey le contestó: “Si viene solo, es señal de que trae buenas noticias. Déjalo pasar. Tú, quédate ahí”. El centinela lo dejó pasar y permaneció en su puesto.

El hombre que venía corriendo, que era un etíope, llegó a donde estaba David y le dijo: “Le traigo buenas noticias a mi señor, el rey. Dios te ha hecho justicia hoy, librándote de los que se habían rebelado contra ti”. El rey le preguntó: “Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?”. Respondió el etíope: “Que acaben como él todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra mi señor, el rey”.

Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está encima de la puerta de la ciudad y rompió a llorar, diciendo: “Hijo mío, Absalón; hijo, hijo mío, Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío”.

Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la muerte de Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para todo el ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la muerte de su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como entra avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.


SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 85

R. Protégeme, Señor, porque te amo.

Presta, Señor, oídos a mi súplica, pues soy un potente, lleno de desdichas. Protégeme, Señor, porque te amo; salva a tu servidor, que en ti confía. R.

Ten compasión de mí, pues clamo a ti, Dios mío, todo el día, y ya que a ti, Señor, levanto el alma, llena a este siervo tuyo de alegría. R.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta. R.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Mt 8, 17

R. Aleluya, aleluya.

Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores. R.


EVANGELIO

¡Óyeme, niña, levántate!

Del santo Evangelio según san Marcos: 5, 21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?”. Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ”. Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?”. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!”. La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que te sean aceptables, Señor, los dones que te presentamos en la conmemoración de tu mártir san Blas y que agraden a tu majestad, del mismo modo que fue preciosa ante ti la efusión de su sangre. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Mt 10, 39

Quien pierda su vida por mí, dice el Señor, la salvará para siempre.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que el santo sacramento que recibimos, Señor, nos comunique aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir san Blas fiel en tu servicio y victorioso en su pasión. Por Jesucristo, nuestro Señor.


*San Óscar, obispo

Nació a principios del siglo IX. Fue monje de una abadía francesa enviado a misionar en Alemania. Fue obispo de Hamburgo y después de Bremen. Anunció el Evangelio en Dinamarca y Suecia. Murió el año 865.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que enviaste a tu santo obispo Óscar para evangelizar a numerosos pueblos, concédenos, por su intercesión, caminar siempre en la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo…

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Dios todopoderoso, las ofrendas que presentamos en la festividad de san Óscar, y concédenos expresar en la vida los misterios de la pasión del Señor, que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por la eficacia de este sacramento, confirma, Señor, a tus siervos en la verdad de la fe, por la que san Óscar nunca cesó de trabajar, dedicándole toda su vida, para que en todas partes la profesemos, de palabra y de obra. Por Jesucristo, nuestro Señor.


PARA MEDITAR

Jesús demuestra su poder y compasión al sanar a dos mujeres. La hemorroísa toca con fe el manto de Jesús y es sanada. La niña muere, pero Jesús le da nueva vida. Ambos milagros nos enseñan que, incluso ante la desesperación, nunca debemos perder la esperanza. Jesús escucha nuestras oraciones y actúa con amor. La fe en él es clave.

Fuente: misalcatolico.com


Categoria: Misa por Año / Misal Catolico 2026 / Misal Catolico de febrero 2026

Misal de Hoy Publicado: 2026-01-29T21:08:22Z | Modificado: 2026-01-29T21:08:22Z