Santa Misa del día: Domingo 28 de Marzo de 2021

Domingo de Ramos de la Pasi√≥n del Se√Īor

Rojo MR, p. 243 (257) / Lecc. I, p. 193 LH, semana II del Salterio

Otros santos:¬†Gontr√°n de Borgo√Īa, rey de los francos; Jos√© Sebasti√°n Pelczar, presb√≠tero, obispo y fundador. Beata Renata Maria Feillatreau, m√°rtir.

LA GENEROSIDAD
Is 50,4-7; Sal 21, Flp2, 6-11; Mc 14,1-15.47

En nuestras lecturas, todo habla de la generosidad. Seg√ļn el tercer c√°ntico del Siervo de Yahv√©, que forma la primera lectura, el Siervo encuentra oposici√≥n a su misi√≥n, ofensas personales, y adversarios que lo golpean, insultan, y escupen. No obstante, muestra la actitud de un verdadero disc√≠pulo de los profetas y de los sabios de Israel: escucha la palabra de Dios para luego transmitirla generosamente. En la Carta a los filipenses, Cristo Jes√ļs es igualmente generoso, pues no retuvo √°vidamente el ser igual a Dios sino que se entreg√≥ a s√≠ mismo, generosamente a Dios. En el relato de la pasi√≥n del Se√Īor, la generosidad de la mujer que tra√≠a un frasco de alabastro con perfume puro de nardo es s√≥lo el primer gesto en una larga narraci√≥n de generosidad que culmina en el acto supremo de la muerte de Jes√ļs.

l.¬†En este d√≠a la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Se√Īor a Jerusal√©n para consumar su Misterio Pascual. Por lo tanto, en todas las Misas se conmemora esta entrada del Se√Īor mediante una procesi√≥n o una entrada solemne, antes de la Misa principal, y por medio de una entrada sencilla antes de las dem√°s Misas.
Pero puede repetirse la entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras Misas que se celebren con gran asistencia del Pueblo.
Conviene que donde no pueda hacerse ni procesi√≥n ni entrada solemne, se tenga una celebraci√≥n de la Palabra de Dios, sobre la entrada mesi√°nica y la Pasi√≥n del Se√Īor, ya sea el s√°bado por la tarde o ya sea el domingo a una hora oportuna.

Conmemoraci√≥n de la entrada del Se√Īor en Jerusal√©n Primera forma: Procesi√≥n

2.¬†A la hora se√Īalada, los fieles se re√ļnen en una iglesia menor o en alg√ļn otro lugar adecuado, fuera de la iglesia hacia la cual va a dirigirse la procesi√≥n. Los fieles llevan sus ramos en las manos.

3.¬†El sacerdote y el di√°cono, revestidos con las vestiduras rojas requeridas para la Misa, acompa√Īados por los otros ministros, se acercan al lugar donde el pueblo est√° congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejar√° despu√©s de la procesi√≥n, y se pondr√° la casulla.

4. Entretanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado:

ANT√ćFONA Mt 21,9
Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Se√Īor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

5. Enseguida el sacerdote y los fieles se santiguan mientras el sacerdote dice: "En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Después el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve monición para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día:
Puede hacerla con éstas o semejantes palabras.
Queridos hermanos: Despu√©s de haber preparado nuestros corazones desde el principio de Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebraci√≥n anual del Misterio Pascual, es decir, de la pasi√≥n y resurrecci√≥n de nuestro Se√Īor Jesucristo, misterios que empezaron con su entrada en Jerusal√©n, su ciudad. Por eso, recordando con toda fe y devoci√≥n esta entrada salvadora, sigamos al Se√Īor, para que participando de su cruz, tengamos parte con √©l en su resurrecci√≥n y su vida.

6. Después de esta monición, el sacerdote, teniendo extendidas las manos, dice una de las dos oraciones siguientes:
Oremos. Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendici√≥n ‚Ć estos ramos, para que, quienes acompa√Īamos jubilosos a Cristo Rey, podamos llegar, por √©l, a la Jerusal√©n del cielo. √Čl, que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Am√©n.

O bien:

Aumenta, Se√Īor Dios, la fe de los que esperan en ti y escucha con bondad las s√ļplicas de quienes te invocan, para que, al presentar hoy nuestros ramos a Cristo victorioso, demos para ti en √©l frutos de buenas obras. √Čl, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Y en silencio, rocía los ramos con agua bendita.

7.¬†Enseguida el di√°cono, o en su ausencia el sacerdote, proclama del modo acostumbrado el Evangelio de la entrada del Se√Īor en Jerusal√©n, seg√ļn alguno de los cuatro evangelistas. Si es oportuno se usa el incienso.

Evangelio (Ciclo B)

Bendito el que viene en nombre del Se√Īor.

Del santo Evangelio seg√ļn san Marcos: 11, 1-10

Cuando Jes√ļs y los suyos iban de camino a Jerusal√©n, al llegar a Betfag√© y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus disc√≠pulos: "Vayan al pueblo que ven all√≠ enfrente; al entrar, encontrar√°n amarrado un burro que nadie ha montado todav√≠a.
Des√°tenlo y tr√°iganmelo. Si alguien les pregunta por qu√© lo hacen, cont√©stenle: 'El Se√Īor lo necesita y lo devolver√° pronto' ". "Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron.
Algunos de los que all√≠ estaban les preguntaron: "¬ŅPor qu√© sueltan al burro?". Ellos les contestaron lo que hab√≠a dicho Jes√ļs y ya nadie los molest√≥. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jes√ļs mont√≥ en √©l. Muchos extend√≠an su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jes√ļs y los que lo segu√≠an, iban gritando vivas: "¬°Hosanna! ¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor! ¬°Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¬°Hosanna en el cielo!".¬†Palabra del Se√Īor.¬†Gloria a ti, Se√Īor Jes√ļs.

O bien:

Del santo Evangelio seg√ļn san Juan: 12,12-16

En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que hab√≠a llegado para la fiesta, de que Jes√ļs se dirig√≠a a Jerusal√©n, cortaron hojas de palmera y salieron a su encuentro, gritando: "¬°Hosanna! ¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor, el rey de Israel!
Habiendo encontrado Jes√ļs un burrito, lo mont√≥, como estaba escrito: No tengas temor, hija de Si√≥n, mira que tu rey viene a ti montado en un burrito.
Sus disc√≠pulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jes√ļs fue glorificado, se acordaron de que hab√≠an sido escritas acerca de √©l y que ellos las hab√≠an cumplido.
Palabra del Se√Īor.¬†Gloria a ti, Se√Īor Jes√ļs.

8. Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve homilía. Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:
Queridos hermanos: Como la muchedumbre que aclamaba a Jes√ļs, acompa√Īemos tambi√©n nosotros, con j√ļbilo, al Se√Īor.

9. Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa. Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros apropiados.

ANT√ćFONA I

Los ni√Īos hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Se√Īor, clamando: "Hosanna en el cielo".

Si se cree conveniente, puede alternarse esta antífona con los versículos del salmo 23.


SALMO 23

Del Se√Īor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en √©l habitan, pues √©l lo edific√≥ sobre los mares, √©l fue quien lo asent√≥ sobre los r√≠os.

Se repite la antífona.

¬ŅQui√©n subir√° hasta el monte del Se√Īor? ¬ŅQui√©n podr√° entrar en su recinto santo? El de coraz√≥n limpio y manos puras y que no jura en falso.

Se repite la antífona.

Ese obtendr√° la bendici√≥n de Dios, y Dios, su salvador, le har√° justicia. √Čsta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob.

Se repite la antífona.

¬°Puertas, √°branse de par en par; agr√°ndense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!

Se repite la antífona.

Y ¬Ņqui√©n es el rey de la gloria? Es el Se√Īor, fuerte y poderoso, el Se√Īor, poderoso en la batalla.

Se repite la antífona.

¬°Puertas, √°branse de par en par; agr√°ndense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!

Se repite la antífona.

Y ¬Ņqui√©n es el rey de la gloria? El Se√Īor, Dios de los ej√©rcitos, es el rey de la gloria.

Se repite la antífona.

ANT√ćFONA II

Los ni√Īos hebreos extend√≠an sus mantos por el camino y clamaban: "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Se√Īor".

Si se cree oportuno, puede alternarse esta antífona con los versículos del siguiente salmo.


SALMO 46

Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Se√Īor, de gozo llenos; que el Se√Īor, el Alt√≠simo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo.

Se repite la antífona.

Fue él quien nos puso por encima de todas las naciones y los pueblos, al elegirnos como herencia suya, orgullo de Jacob, su predilecto.

Se repite la antífona.

Entre voces de j√ļbilo y trompetas, Dios, el Se√Īor, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos.

Se repite la antífona.

Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo.

Se repite la antífona.

Los jefes de los pueblos se han reunido con el pueblo de Dios, Dios de Abraham, porque de Dios son los grandes de la tierra. Por encima de todo Dios est√°.

Himno a Cristo Rey

Coro:

Gloria, alabanza y honor, a ti Cristo rey, redentor; a quien infantil cortejo entonó piadoso Hosanna.

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

Coro:

T√ļ eres el rey de Israel, prole √≠nclita de David, rey bendito, que vienes en el nombre del Se√Īor.

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

Coro:

Toda la corte celestial te alaba en las alturas, y el hombre mortal, con todas las creaturas.

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

Coro:

El pueblo hebreo salió con palmas a tu encuentro; nosotros con preces, votos e himnos venimos a ti.

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

Coro:

Aquellos cuando ibas a padecer te tributaban loores; nosotros ahora que reinas, te ofrecemos nuestro canto.

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

Coro:

Aquellos te agradaron, que te agrade también nuestra devoción:

¬°Rey bueno, rey clemente, a quien agrada todo lo bueno!

Todos repiten:

Gloria, alabanza y honor ...

O bien:

Himno a Cristo Rey

¬°Que viva mi Cristo, que viva mi Rey, que impere doquiera triunfante su ley! (2)
¬°Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey!
l.¬†Mexicanos, un Padre tenemos que nos dio de la Patria la uni√≥n, a ese Padre gozosos cantemos empu√Īando con fe su pend√≥n.

2. Demos gracias al Padre que ha hecho que tengamos de herencia la luz y podamos vivir en el reino que su Hijo nos dio por la cruz.
3. Dios le dio el poder, la victoria; pueblos todos, venid y alabad a este Rey de los cielos y tierra en quien sólo tenemos la paz.
4. Rey eterno, Rey universal, en quien todo ya se restauró, te rogamos que todos los pueblos sean unidos en un solo amor.
10.¬†Al entrar la procesi√≥n en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro c√°ntico alusivo a la entrada del Se√Īor en Jerusal√©n:

RESPONSORIO

R.¬†Al entrar el Se√Īor en la ciudad santa, los hijos de Israel, anticip√°ndose a la resurrecci√≥n del Se√Īor de la vida, con palmas en las manos, clamaban: Hosanna en el cielo.
V.¬†Al enterarse de que Jes√ļs llegaba a Jerusal√©n, el pueblo sali√≥ a su encuentro
R. Con palmas en las manos, clamando: Hosanna en el cielo.
11.¬†El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si la us√≥, y se pone la casulla) y, omitidos los dem√°s ritos iniciales de la Misa, incluso el Se√Īor, ten piedad, da fin a la procesi√≥n diciendo la oraci√≥n colecta y prosigue la misa de la manera acostumbrada.
Segunda forma: Entrada solemne
12.¬†Donde no se pueda hacer la procesi√≥n fuera de la iglesia, la entrada del Se√Īor se celebra dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa principal.
13.¬†Los fieles se re√ļnen ante la puerta de la iglesia, o bien, dentro de la misma iglesia, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos de los fieles, van a alg√ļn sitio adecuado de la iglesia, fuera del presbiterio, en donde pueda ser vista f√°cilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la asamblea.
14.¬†Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la ant√≠fona "Hosanna al Hijo de David" (n. 4) o alg√ļn otro c√°ntico adecuado. Despu√©s se bendicen los ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Se√Īor en Jerusal√©n, como se indic√≥ en los nn. 5-7. Despu√©s del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio a trav√©s del templo, acompa√Īado por los ministros y por algunos fieles, mientras se canta el responsorio "Al entrar el Se√Īor" (n. 10), u otro c√°ntico apropiado.
15.¬†Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la sede y, omitidos los ritos iniciales de la Misa, incluso el Se√Īor, ten piedad, si es oportuno, dice la colecta de la Misa, que prosigue luego de la manera acostumbrada.
Tercera forma: Entrada sencilla
16.¬†En todas las dem√°s misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda la entrada del Se√Īor en Jerusal√©n por medio de una entrada sencilla.
17. Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa de la manera acostumbrada.
En las demás misas en que no es posible cantar la antífona de entrada, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

18. ANT√ćFONA DE ENTRADA Jn 12,1. 12-13

Seis d√≠as antes de la Pascua, cuando el Se√Īor entr√≥ en Jerusal√©n, salieron los ni√Īos a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando: Hosanna en el cielo. Bendito t√ļ, que vienes lleno de bondad y de misericordia.
Sal 23, 9-10
Puertas, √°branse de par en par; agr√°ndense, portones eternos, porque va a entrar el Rey de la gloria. Y ¬Ņqui√©n es ese Rey de la gloria? El Se√Īor de los ej√©rcitos es el Rey de la gloria. Hosanna en el cielo. Bendito t√ļ, que vienes lleno de bondad y de misericordia.
Cuando no se puede hacer ni la procesi√≥n, ni la entrada solemne, es conveniente hacer una celebraci√≥n de la palabra de Dios, acerca de la entrada mesi√°nica y de la Pasi√≥n del Se√Īor, ya sea el s√°bado en la tarde, o bien el domingo, a la hora m√°s oportuna.

La Misa

19. Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta.

20. ORACI√ďN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al g√©nero humano ejemplo de humildad, conc√©denos, benigno, seguir las ense√Īanzas de su pasi√≥n y que merezcamos participar de su gloriosa resurrecci√≥n. √Čl, que vive y reina contigo en la unidad del Esp√≠ritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

21.¬†Se lee la historia de la Pasi√≥n del Se√Īor. No se llevan ciriales ni incienso, ni se hace al principio el saludo, ni se signa el libro. La lectura la hace un di√°cono o, en su defecto, el sacerdote. Puede tambi√©n ser hecha por lectores, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo.
Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la Pasión, como se hace antes del Evangelio.

22. Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una breve homilía. También se puede guardar un momento de silencio.
Dada la importancia de la Pasi√≥n del Se√Īor, el sacerdote, en las Misas con el pueblo, y de acuerdo con las caracter√≠sticas de los fieles de cada asamblea, puede omitir una de las dos primeras lecturas, o ambas, y leer s√≥lo la Pasi√≥n del Se√Īor, a√ļn en su forma breve.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

No aparté mi rostro de los insultos, y sé que no quedaré avergonzado.

Del libro del profeta Isaías: 50,4-7

En aquel entonces, dijo Isa√≠as: "El Se√Īor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Ma√Īana tras ma√Īana, el Se√Īor despierta mi o√≠do, para que escuche yo, como disc√≠pulo. El Se√Īor Dios me ha hecho o√≠r sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atr√°s.
Ofrec√≠ la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No apart√© mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Se√Īor me ayuda, por eso no quedar√© confundido, por eso endurec√≠ mi rostro como roca y s√© que no quedar√© avergonzado".¬†Palabra de Dios.¬†Te alabamos, Se√Īor.


SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R/. Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?

Todos los que me ven, de m√≠ se burlan; me hacen gestos y dicen: "Confiaba en el Se√Īor, pues que √©l lo salve; si de veras lo ama, que lo libre".¬†R/.
Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis huesos. R/.
Reparten entre s√≠ mis vestiduras y se juegan mi t√ļnica a los dados. Se√Īor, auxilio m√≠o, ven y ay√ļdame, no te quedes de m√≠ tan alejado.¬†R/.
Contar√© tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabar√©. Fieles del Se√Īor, al√°benlo; glorif√≠calo, linaje de Jacob; t√©melo, estirpe de Israel.¬†R/.

SEGUNDA LECTURA

Cristo se humilló a sí mismo, por eso Dios lo exaltó.

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 2,6-11

Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exalt√≥ sobre todas las cosas y le otorg√≥ el nombre que est√° sobre todo nombre, para que, al nombre de Jes√ļs, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan p√ļblicamente que Jesucristo es el Se√Īor, para gloria de Dios Padre.¬†Palabra de Dios.¬†Te alabamos, Se√Īor.

ACLAMACI√ďN ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9
R/. Honor y gloria a ti, Se√Īor Jes√ļs.

Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. R/.

EVANGELIO

PASI√ďN DE NUESTRO SE√ĎOR JESUCRISTO

SEG√öN SAN MARCOS: 14, 1-15,47

(La se√Īal de cruz ‚Ć, se refiere a Cristo; la C, al cronista, y la S, a la sinagoga).

C. Faltaban dos d√≠as para la fiesta de Pascua y de los panes √Āzimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando una manera de apresar a Jes√ļs a traici√≥n y darle muerte, pero dec√≠an:

S "No durante las fiestas, porque el pueblo podría amotinarse".

C Estando Jes√ļs sentado a la mesa, en casa de Sim√≥n el leproso, en Betania, lleg√≥ una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebr√≥ el frasco y derram√≥ el perfume en la cabeza de Jes√ļs. Algunos comentaron indignados:

S "¬ŅA qu√© viene este derroche de perfume? Pod√≠a haberse vendido por m√°s de trescientos denarios para d√°rselos a los pobres".

C Y criticaban a la mujer; pero Jes√ļs replic√≥:

‚Ć "D√©jenla. ¬ŅPor qu√© la molestan? Lo que ha hecho conmigo est√° bien, porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran; pero a m√≠ no me tendr√°n siempre. Ella ha hecho lo que pod√≠a. Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el Evangelio, se recordar√° tambi√©n en su honor lo que ella ha hecho conmigo".

C Judas Iscariote, uno de los Doce, se present√≥ a los sumos sacerdotes para entregarles a Jes√ļs. Al o√≠do, se alegraron y le prometieron dinero; y √©l andaba buscando una buena ocasi√≥n para entregarlo. El primer d√≠a de la fiesta de los panes √°zimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jes√ļs sus disc√≠pulos:

S "¬ŅD√≥nde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?".

C √Čl les dijo a dos de ellos:

‚Ć "Vayan a la ciudad. Encontrar√°n a un hombre que lleva un c√°ntaro de agua; s√≠ganlo y d√≠ganle al due√Īo de la casa en donde entre: 'El Maestro manda preguntar: ¬ŅD√≥nde est√° la habitaci√≥n en que voy a comer la Pascua con mis disc√≠pulos?'. √Čl les ense√Īar√° una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prep√°rennos all√≠ la cena".

C Los disc√≠pulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jes√ļs les hab√≠a dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, lleg√≥ Jes√ļs con los Doce. Estando a la mesa, cenando, les dijo:

† "Yo les aseguro que uno de ustedes, uno que está comiendo conmigo, me va a entregar".

C Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:

S "¬ŅSoy yo?".

C El respondió: .

† "Uno de los Doce; alguien que moja su pan en el mismo plato que yo. El Hijo del hombre va a morir, como está escrito: pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre! ¡Más le valiera no haber nacido!".

C Mientras cenaban, Jes√ļs tom√≥ un pan, pronunci√≥ la bendici√≥n, lo parti√≥ y se lo dio a sus disc√≠pulos, diciendo:

† "Tomen: esto es mi cuerpo".

C Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo:

† "Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

C Despu√©s de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos y Jes√ļs les dijo:

† "Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa, como está escrito: 'Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas'; pero cuando resucite, iré por delante de ustedes a Galilea".

C Pedro replicó:

S "Aunque todos se escandalicen, yo no".

C Jes√ļs le contest√≥:

‚Ć "Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, t√ļ me negar√°s tres".

C Pero él insistía:

S "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".

C Y los dem√°s dec√≠an lo mismo. Fueron luego a un huerto, llamado Getseman√≠, y Jes√ļs dijo a sus disc√≠pulos:

† "Siéntense aquí mientras hago oración".

C Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:

† "Tengo el alma llena de una tristeza mortal. Quédense aquí, velando".

C Se adelantó un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, se alejara de él aquella hora. Decía:

‚Ć "Padre, t√ļ lo puedes todo: aparta de m√≠ este c√°liz. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que t√ļ quieres". .

C Volvió a donde estaban los discípulos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

‚Ć "Sim√≥n, ¬Ņest√°s dormido? ¬ŅNo has podido velar ni una hora? Velen y oren, para que no caigan en la tentaci√≥n. El esp√≠ritu est√° pronto, pero la carne es d√©bil".

C De nuevo se retiró y se puso a orar, repitiendo las mismas palabras.
Volvi√≥ y otra vez los encontr√≥ dormidos, porque ten√≠an los ojos cargados de sue√Īo, por eso no sab√≠an qu√© contestarle. √Čl les dijo:

† "Ya pueden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está cerca el traidor".

C Todav√≠a estaba hablando, cuando se present√≥ Judas, uno de los Doce, y con √©l, gente con espadas y palos, enviada por los sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les hab√≠a dado una contrase√Īa, dici√©ndoles:

S "Al que yo bese, ése es. Deténganlo y llévenselo bien sujeto".

C Llegó, se acercó y le dijo:

S "Maestro".

C Y lo bes√≥. Ellos le echaron mano y lo apresaron. Pero uno de los presentes desenvain√≥ la espada y de un golpe le cort√≥ la oreja a un criado del sumo sacerdote. Jes√ļs tom√≥ la palabra y les dijo:

‚Ć "¬ŅSalieron ustedes a apresarme con espadas y palos, como si se tratara de un bandido? Todos los d√≠as he estado entre ustedes, ense√Īando en el templo y no me han apresado. Pero as√≠ ten√≠a que ser para que se cumplieran las Escrituras".

C Todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto nada m√°s con una s√°bana y lo detuvieron; pero √©l solt√≥ la s√°bana y se les escap√≥ desnudo. Condujeron a Jes√ļs a casa del sumo sacerdote y se reunieron todos los pont√≠fices, los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos hasta el interior del patio del sumo sacerdote y se sent√≥ con los criados, cerca de la lumbre, para calentarse. Los sumos sacerdotes y el sanedr√≠n en pleno buscaban una acusaci√≥n contra Jes√ļs para condenarlo a muerte y no la encontraban. Pues, aunque muchos presentaban falsas acusaciones contra √©l, los testimonios no concordaban. Hubo unos que se pusieron de pie y dijeron:

S "Nosotros lo hemos oído decir: 'Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construirá otro, no edificado por hombres"'.

C Pero ni aun en esto concordaba su testimonio. Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le pregunt√≥ a Jes√ļs:

S "¬ŅNo tienes nada que responder a todas esas acusaciones?".

C Pero él no le respondió nada. El sumo sacerdote le volvió a preguntar:

S "¬ŅEres t√ļ el Mes√≠as, el Hijo de Dios bendito?".

C Jes√ļs contest√≥:

† "Sí lo soy. Y un día verán cómo el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y cómo viene entre las nubes del cielo".

C El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras exclamando:

S "¬ŅQu√© falta hacen ya m√°s testigos? Ustedes mismos han o√≠do la blasfemia. ¬ŅQu√© les parece?".

C Y todos lo declararon reo de muerte.
Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:

S ''Adivina quién fue",

C Y los criados también le daban de bofetadas. Mientras tanto, Pedro estaba abajo, en el patio. Llegó una criada del sumo sacerdote, y al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y le dijo:

S "T√ļ tambi√©n andabas con Jes√ļs Nazareno".

C √Čl lo neg√≥, diciendo:

S "Ni sé ni entiendo lo que quieres decir".

C Salió afuera hacia el zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, se puso de nuevo a decir a los presentes:

S "√Čse es uno de ellos".

C Pero él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:

S "Claro que eres uno de ellos, pues eres galileo".

C Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:

S "No conozco a ese hombre del que hablan".

C En seguida, cant√≥ el gallo por segunda vez. Pedro se acord√≥ entonces de las palabras que le hab√≠a dicho Jes√ļs: "Antes de que el gallo cante dos veces, t√ļ me habr√°s negado tres", y rompi√≥ a llorar.

Comienza la lectura breve

C Luego que amaneci√≥, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedr√≠n en pleno, para deliberar. Ataron a Jes√ļs, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. √Čste le pregunt√≥:

S ‚Äú¬ŅEres t√ļ el rey de los jud√≠os?".

C El respondió:

† "Sí lo soy".

C Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

S "¬ŅNo contestas nada? Mira de cu√°ntas cosas te acusan".

C Jes√ļs ya no le contest√≥ nada, de modo que Pilato estaba muy extra√Īado. Durante la fiesta de Pascua, Pilato sol√≠a soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la c√°rcel un tal Barrab√°s, con los revoltosos que hab√≠an cometido un homicidio en un mot√≠n. Vino la gente y empez√≥ a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo:

S "¬ŅQuieren que les suelte al rey de los jud√≠os?".

C Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar:

S "¬ŅY qu√© voy a hacer con el que llaman rey de los jud√≠os?".

C Ellos gritaron:

S "¡Crucifícalo!".

C Pilato les dijo:

S "Pues ¬Ņqu√© mal ha hecho?".

C Ellos gritaron m√°s fuerte:

S "¡Crucifícalo!".


C Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les solt√≥ a Barrab√°s; y a Jes√ļs, despu√©s de mandarlo azotar, lo entreg√≥ para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batall√≥n. Lo vistieron con un manto de color p√ļrpura, le pusieron una corona de espinas, que hab√≠an trenzado, y comenzaron a burlarse de √©l, dirigi√©ndole este saludo:

S "¡Viva el rey de los judíos!".

C Le golpeaban la cabeza con una ca√Īa, le escup√≠an y, doblando las rodillas, se postraban ante √©l. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color p√ļrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo. Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ah√≠ de regreso del campo, Sim√≥n de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jes√ļs al G√≥lgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero √©l no lo acept√≥. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qu√© le tocaba a cada uno. Era media ma√Īana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusaci√≥n estaba escrito: "El rey de los jud√≠os". Crucificaron con √©l a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. As√≠ se cumpli√≥ la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores. Los que pasaban por ah√≠, lo injuriaban meneando la cabeza y grit√°ndole:

S "¬°Anda! T√ļ, que destru√≠as el templo y lo reconstru√≠as en tres d√≠as, s√°lvate a ti mismo y baja de la cruz".

C Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos".

C Hasta los que estaban crucificados con √©l tambi√©n lo insultaban. Al llegar el mediod√≠a, toda aquella tierra se qued√≥ en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jes√ļs grit√≥ con voz potente:

‚Ć Elo√≠, Elo√≠, ¬Ņlama sabactan√≠?".

C (que significa: Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?) Algunos de los presentes, al o√≠rlo, dec√≠an:

S "Miren, está llamando a Elías".

C Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo:

S "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo".

C Pero Jes√ļs, dando un fuerte grito, expir√≥.
(Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes)

C Entonces el velo del templo se rasg√≥ en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jes√ļs, al ver c√≥mo hab√≠a expirado, dijo:

S "De veras este hombre era Hijo de Dios".

Fin de la lectura breve

C Hab√≠a tambi√©n ah√≠ unas mujeres que estaban mirando todo desde lejos; entre ellas, Mar√≠a Magdalena, Mar√≠a (la madre de Santiago el menor y de Jos√©) y Salom√©, que cuando Jes√ļs estaba en Galilea, lo segu√≠an para atenderlo; y adem√°s de ellas, otras muchas que hab√≠an venido con √©l a Jerusal√©n. Al anochecer, como era el d√≠a de la preparaci√≥n, v√≠spera del s√°bado, vino Jos√© de Arimatea, miembro distinguido del sanedr√≠n, que tambi√©n esperaba el Reino de Dios. Se present√≥ con valor ante Pilato y le pidi√≥ el cuerpo de Jes√ļs. Pilato se extra√Ī√≥ que ya
hubiera muerto, y llamando al oficial, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el oficial, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cadáver, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro excavado en una roca y tapó con una piedra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, se fijaron en dónde lo ponían.
Palabra del Se√Īor.¬†Gloria a ti, Se√Īor Jes√ļs.

Se dice Credo.

PLEGARIA UNIVERSAL

Imploremos, hermanos, a Jes√ļs, el Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, que en la cruz present√≥, con l√°grimas en los ojos, oraciones y s√ļplicas al Padre, y oremos tambi√©n nosotros por todos los hombres: (R/. Esc√ļchanos, Se√Īor.)
Para que el Se√Īor, que en la cruz excus√≥ a los ignorantes y pidi√≥ perd√≥n por ellos, tenga piedad de los fieles que han ca√≠do en el pecado, les d√© valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perd√≥n y de la paz,¬†roguemos al Se√Īor.
Para que la sangre de Jes√ļs, que habla m√°s favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que a√ļn est√°n lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones,¬†roguemos al Se√Īor.
Para que el Se√Īor, que en la cruz experiment√≥ la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les env√≠e a su √°ngel para que los conforte,¬†roguemos al Se√Īor.
Para que el Se√Īor, que recibi√≥ en su reino al ladr√≥n arrepentido, se apiade de nosotros nos d√© sentimientos de contrici√≥n y nos admita, despu√©s de la muerte, en su para√≠so,¬†roguemos al Se√Īor.
Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión, destruyera el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.


ORACI√ďN SOBRE LAS OFRENDAS

Que la pasi√≥n de tu Unig√©nito, Se√Īor, nos atraiga tu perd√≥n, y aunque no lo merecemos por nuestras obras, por la mediaci√≥n de este sacrificio √ļnico, lo recibamos de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Se√Īor.

PREFACIO:

La Pasi√≥n del Se√Īor.

ANT√ćFONA DE LA COMUNI√ďN Mt 26, 42

Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este cáliz, hágase tu voluntad.

ORACI√ďN DESPU√ČS DE LA COMUNI√ďN

T√ļ que nos has alimentado con esta Eucarist√≠a, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, conc√©denos, Se√Īor, llegar, por medio de su resurrecci√≥n, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Se√Īor.

ORACI√ďN SOBRE EL PUEBLO

Dios y Padre nuestro, mira con bondad a esta familia tuya, por la cual nuestro Se√Īor Jesucristo
no dud√≥ en entregarse a sus verdugos y padecer el tormento de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Se√Īor.

UNA REFLEXI√ďN PARA NUESTRO TIEMPO.-¬†Vivimos en un sistema econ√≥mico que no logra entender la generosidad. Para este sistema, el ego√≠smo es el valor supremo. Tienes que cuidar para ti mismo solamente. No hay ninguna comida gratis. Si te doy algo, tienes que pagarme y darme m√°s. La generosidad, entendida como la entrega libre y amorosa de s√≠ mismo, es nada menos que la locura en el marco de tal sistema. Por eso, nuestra generosidad no puede limitarse a actos aislados de asistencia a los necesitados. Claro que tales actos son absolutamente necesarios. Sin embargo, no son suficientes. Tenemos que luchar para cambiar un mundo que crea personas necesitadas de comida, trabajo, y de los dem√°s elementos de una vida digna. Luchando as√≠, no debemos sorprendernos que, como aconteci√≥ a Jes√ļs, encontremos oposici√≥n violenta. No obstante, en √©l tenemos el modelo perfecto de fidelidad.

Fuente: misalcatolico.com


Categoria: Misa por A√Īo / Misal Catolico 2021 / Misal Catolico de marzo 2021

Misal de Hoy Publicado: 2021-09-16T05:30:29Z | Modificado: 2021-09-16T05:30:29Z