Santa Misa del día
Jueves 2 de Abril de 2026
Lecturas y oraciones
⚪ Blanco
Jueves Santo en la Cena del Señor
Esta Misa la preside el obispo y es concelebrada con los presbíteros provenientes de las distintas regiones de la diócesis. Si este día es muy difícil que el pueblo y el clero se congreguen puede anticiparse a otro día, siempre cercano a la Pascua, y utilizando la Misa propia.
Ritos iniciales y liturgia de la Palabra
Antífona de Entrada
Jesucristo, ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Se dice Gloria.
Oración Colecta
Oremos: Dios y Padre nuestro, que ungiste a tu Unigénito con el Espíritu Santo, y lo constituiste Cristo y Señor, concede a quienes participamos ya de su consagración que seamos en el mundo testigos de su obra redentora. Por nuestro Señor Jesucristo… Amén.
Primera Lectura
Prescripciones sobre la cena pascual.
Lectura del libro del profeta Isaías (61, 1-3. 6. 8-9)
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, y la libertad a los prisioneros; a pregonar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios. El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos, los afligidos de Sión, a cambiar su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría y su abatimiento, en cánticos. Ustedes serán llamados "sacerdotes del Señor"; "ministros de nuestro Dios" se les llamará. Esto dice el Señor: "Yo les daré su recompensa fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo. Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos, entre los pueblos. Cuantos los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 88
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. "He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido. Lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Contará con mi amor y mi lealtad y su poder aumentará en mi nombre. Él me podrá decir: 'Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva'. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Segunda Lectura
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (1, 5-8)
Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Miren: él viene entre las nubes, y todos lo verán, aun aquellos que lo traspasaron. Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa. "Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir; el todopoderoso". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (4, 16-21)
Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Renovación de las promesas sacerdotales
Terminada la homilía, el obispo, sentado, se dirige a los presbíteros, con estas palabras u otras semejantes: El obispo: Amados hijos: al celebrar hoy la conmemoración anual del día en que Cristo, nuestro Señor, comunicó su sacerdocio a los Apóstoles y a nosotros, ¿quieren ustedes renovar las promesas que hicieron el día de su ordenación, ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios? Los presbíteros responden todos al mismo tiempo: Sí, quiero.
El obispo: ¿Quieren unirse más íntimamente a nuestro Señor Jesucristo, modelo de nuestro sacerdocio, renunciando a sí mismos y reafirmando los compromisos sagrados que, impulsados por amor a Cristo y para servicio de su Iglesia, hicieron ustedes con alegría el día de su ordenación sacerdotal? Los presbíteros: Sí, quiero.
El obispo: ¿Quieren ser fieles dispensadores de los misterios de Dios, por medio de la sagrada Eucaristía y de las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente con el sagrado oficio de enseñar, a ejemplo de Cristo, Cabeza y Pastor, no movidos por el deseo de los bienes terrenos, sino impulsados solamente por el bien de los hermanos? Los presbíteros: Sí, quiero.
Enseguida el obispo, dirigiéndose al pueblo, prosigue: Y ustedes, queridos hijos, oren por sus sacerdotes; que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus dones celestiales, para que sean fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote, y los conduzcan a ustedes hacia él, que es la fuente única de salvación. Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.
El obispo: Oren también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico, encomendado a mis débiles fuerzas, y que sea entre ustedes una imagen viva y cada vez más perfecta de Cristo Sacerdote, buen Pastor, Maestro y servidor de todos. Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.
El obispo: El Señor nos conserve en su amor y nos lleve a todos, pastores y ovejas, a la vida eterna. Amén.
No se dice Credo.
Liturgia de la bendición de los óleos
Conforme a la Tradición Romana, la bendición del óleo de los enfermos se hace antes de terminar la Plegaria eucarística, mientras que la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del Crisma se hacen después de la Comunión. Sin embargo, por razones pastorales, se permite realizar todo el rito de la bendición después de la liturgia de la Palabra, observando el ritual que se describe en el nuevo misal romano, tercera edición típica pág. 268.
Liturgia eucarística
Terminada la bendición de los óleos, los fieles designados para ello llevan el pan, el vino y el agua para la celebración de la Eucaristía (a no ser que se hayan llevado ya junto con los óleos en el caso de que la bendición de éstos se haga siguiendo la Tradición Romana). La celebración de la Misa continúa como de costumbre.
Oración sobre las Ofrendas
Te rogamos, Señor, que la eficacia de este sacrificio lave nuestras antiguas culpas, y nos haga crecer en novedad de vida y en plenitud de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Prefacio propio - El sacerdocio de Cristo y el ministerio de los sacerdotes.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Ya que, por la unción del Espíritu Santo, constituiste a tu Unigénito Pontífice de la alianza nueva y eterna, y, en tu designio salvífico, has querido que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia. En efecto, Cristo no sólo confiere la dignidad del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino que, con especial predilección, elige a algunos de entre los hermanos, y mediante la imposición de las manos, los hace partícipes de su ministerio de salvación, a fin de que renueven, en su nombre, el sacrificio redentor, preparen para tus hijos el banquete pascual, fomenten la caridad en tu pueblo santo, lo alimenten con la Palabra, lo fortifiquen con los sacramentos, y, consagrando su vida a ti y a la salvación de sus hermanos, se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor. Por eso, Señor, con todos los ángeles y los santos, te alabamos, cantando llenos de alegría: Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, y mi boca proclamará tu fidelidad, de generación en generación.
Oración después de la Comunión
Oremos: Te pedimos, Dios todopoderoso, que, alimentados por tus sacramentos, merezcamos convertirnos en buen olor de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
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En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la Misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros.
Antífona de Entrada
Debemos gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección, y por él fuimos salvados y redimidos. Mientras se canta el Gloria se tocan las campanas y no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual.
Oración Colecta
Oremos: Dios nuestro, reunidos para celebrar la santísima Cena en la que tu Hijo unigénito, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el nuevo y eterno sacrificio, banquete pascual de su amor, concédenos que, de tan sublime misterio, brote para nosotros la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo… Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (12, 1-8. 11-14)
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto. Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua'". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 115
Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava. ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava. A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos. De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava. Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre. Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (11, 23-26)
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él". Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Juan (13, 1-15)
Gloria a ti, Señor. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'. Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Lavatorio de los pies
Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies. Los varones designados van, acompañados por los ministros, a ocupar los asientos preparados para ellos. El sacerdote, se quita la casulla si es necesario, y se acerca a cada una de las personas designadas. Con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. Mientras tanto, se cantan algunas de las siguientes antífonas o algún canto apropiado.
Antífona Primera
El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos, para darles ejemplo.
Antífona Cuarta
Si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón ustedes deben lavarse los pies unos a otros!
Antífona Sexta
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado, dice el Señor.
Después del lavatorio de los pies, el sacerdote lava y seca sus manos, se pone la casulla y regresa a la sede, y desde ahí, dirige la oración universal.
No se dice Credo.
Oración de los Fieles
Celebrante: En esta tarde en la que anticipamos el misterio pascual de Cristo y celebramos su amor, oremos con cordial confianza al autor de nuestra salvación. Digamos: Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en la que Cristo hecho Eucaristía, se da a su Iglesia pidamos por ella, para que proclame a nuestra humanidad la fuerza salvadora del Sacramento del Amor. Oremos a Cristo, Pan de vida. Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en que Jesús quiso prolongar su sacerdocio eterno, oremos por el Santo Padre y por todos los que han sido ungidos para actualizar el sacrificio redentor de Cristo, para que encarnen en sus vidas lo que celebran en el altar. Oremos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en la que Cristo fue entregado por uno de sus amigos, oremos por los que hoy le traicionan derramando sangre inocente, profanando el amor, renegando de su fe; para que la fuerza del misterio que celebramos se haga vida en sus corazones y en los de todos los que fuimos predestinados para el amor. Oremos a Cristo, nuestra Víctima Pascual. Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en la que Jesús nos quiere unidos en comunión, oremos por el pueblo de Israel y por los que no le reconocen como el Mesías de Dios, el Salvador que tenía que venir. Oremos a Cristo, nuestro Salvador. Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en la que Cristo oró por sus amigos, oremos por nuestra Comunidad parroquial, por nuestros enfermos, por los que entregan su vida por el Evangelio, por los que no podrán celebrar estos misterios, y por los que viven alejados de Dios; para que el paso del Señor les alcance la paz, la salud, el perdón y el gozo de su cercanía y amistad. Oremos a Cristo, nuestro hermano. Escucha Señor, nuestra oración.
En esta tarde santa, en que Jesús nos dejó el mandato del amor como signo de su pertenencia; oremos por todo el Pueblo de Dios, para que reunido en torno al banquete Pascual, y alimentado de su Cuerpo y de su Sangre, seamos capaces de crear una fraternidad universal rompiendo las ataduras del egoísmo y de todo pecado, siendo constructores de la paz y la justicia que Él nos mereció. Oremos a Cristo, Príncipe de la paz. Escucha Señor, nuestra oración.
Celebrante: Señor Jesús, que antes de derramar tu Sangre por nuestra salvación quisiste quedarte en la Eucaristía para ser nuestro alimento y nuestra vida, concédenos gustar el Sacramento del amor y ser signos de tu presencia en medio de los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Liturgia Eucarística
Al comienzo de la liturgia eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que junto con el pan y el vino se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el siguiente himno u otro canto apropiado. Donde hay caridad y amor, allí está Dios. Nos congregó y unió el amor de Cristo. Regocijémonos y alegrémonos en él. Temamos y amemos al Dios vivo. Y amémonos con corazón sincero. Donde hay caridad y amor, allí está Dios. Pues estamos en un cuerpo congregados. Cuidemos que no se divida nuestro afecto. Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios. Y en medio de nosotros esté Cristo Dios. Donde hay caridad y amor, allí está Dios. Veamos juntamente con los santos tu glorioso rostro, ¡oh Cristo Dios! Éste será gozo inmenso y puro. Por los siglos de los siglos infinitos. Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en estos misterios, porque cada vez que se celebra el memorial de este sacrificio, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Prefacio propio - El sacrificio y el sacramento de Cristo.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció primero a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo. Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Según el Canon romano: Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas † estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa León XIV, con nuestro Obispo N., y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica. Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N., y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero. Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el día santo en que nuestro Señor Jesucristo fue entregado por nosotros, veneramos la memoria ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián,] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; que te presentamos en el día mismo en que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración del sacramento de su Cuerpo y de su Sangre; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
Extendiendo la manos sobre las ofrendas, dice: Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, que se convierta para nosotros en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor. El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
«Tomen y coman todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes». Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía». Este es el sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús! Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición. Acuérdate también, Señor, de tus hijos N., y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé…, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros. Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona de la Comunión
Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía, dice el Señor. Después de distribuir la Comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias para la Comunión del día siguiente.
Oración después de la Comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que así como somos alimentados en esta vida con la Cena pascual de tu Hijo, así también merezcamos ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Traslado del Santísimo Sacramento Dicha la oración después de la comunión, el sacerdote, de pie, pone incienso en el incensario, lo bendice y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. En seguida recibe el paño de hombros de color blanco, se pone de pie, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño. Se forma entonces la procesión para llevar el Santísimo Sacramento con ciriales e incienso a través de la iglesia, hasta el sitio donde se le va a guardar, preparado en alguna parte de la iglesia o en una capilla convenientemente adornada. Va adelante un ministro laico con la cruz alta en medio de otros dos con ciriales encendidos. Siguen los demás con velas encendidas. El sacerdote lleva el Santísimo Sacramento, lo precede el turiferario con el incensario humeante. Entre tanto se canta el himno Pange, lingua (excepto las dos últimas estrofas), o algún otro canto eucarístico. Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramento, el sacerdote, ayudado si es necesario por un diácono, deposita el copón en el tabernáculo, que permanece con la puerta abierta. Enseguida, pone de nuevo incienso en el incensario, se arrodilla e inciensa el Santísimo Sacramento, mientras se canta Tantum ergo Sacramentum u otro canto eucarístico. Después, el diácono o el mismo sacerdote cierra el tabernáculo. Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros hacen genuflexión y se retiran a la sacristía. En el momento oportuno se desnuda el altar, se quitan de la iglesia las cruces o se dejan cubiertas con un velo. Invítese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacramento.
Fuente: misalcatolico.com
Categoria: Misa por Año / Misal Catolico 2026 / Misal Catolico de abril 2026
Misal de Hoy Publicado: 2026-03-29T13:53:48Z | Modificado: 2026-03-29T13:53:48Z