Santa Misa del día: Miércoles 19 de Marzo de 2025
Solemnidad de San José, Esposo de la Virgen María
Blanco MR p. 690 [707] / Lecc. I p. 1002
Su misión en esta vida consistió en velar por Jesús “haciendo las veces de padre” (prefacio). Pero el Señor ha querido que la cabeza de la Sagrada Familia siga cumpliendo la misma función con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. María es madre de la Iglesia; san José, el protector.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Lc 12, 42
Éste es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su familia.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso, que quisiste poner bajo la protección de san José el nacimiento y la infancia de nuestro Redentor, concédele a tu Iglesia proseguir y llevar a término, bajo su patrocinio, la obra de la redención humana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
[El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.]
Del segundo libro de Samuel 7, 4-5. 12-14. 16
En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: “Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘Cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino.
Él me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente’”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 88
R/. Su descendencia perdurará eternamente.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos. R/.
Un juramento hice a David, mi servidor, una alianza pacté con mi elegido: ‘Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente’. R/.
Él me podrá decir: ‘Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva’. Yo jamás le retiraré mi amor ni violaré el juramento que le hice”. R/.
SEGUNDA LECTURA
[Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó.]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 4, 13. 1618. 22
Hermanos: La promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes, de que ellos heredarían el mundo, no dependía de la observancia de la ley, sino de la justificación obtenida mediante la fe.
En esta forma, por medio de la fe, que es gratuita, queda asegurada la promesa para todos sus descendientes, no sólo para aquellos que cumplen la ley, sino también para todos los que tienen la fe de Abraham. Entonces, él es padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de todos los pueblos.
Así pues, Abraham es nuestro padre delante de aquel Dios en quien creyó y que da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que todavía no existen. Él, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 83, 5
R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Dichosos los que viven en tu casa; siempre, Señor, te alabarán. R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
[José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.]
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo.
José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Palabra del Señor.
Se dice Credo.
REFLEXIÓN: Celebramos la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal. Recordemos, a este respecto, lo que nos decía el ahora san Juan Pablo II: «Al igual que san José cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también ahora continúa custodiando y protegiendo su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Redemptoris Custos, 1). ¿Cómo vive José su vocación como «custodio» de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios –le dice a David– no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio. Entonces será Él mismo quien construya la casa, pero de «piedras vivas», marcadas por su Espíritu… En los Evangelios san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador y discreto, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor servicial. En la segunda Lectura, san Pablo nos habla de Abraham, que creyó «esperando contra toda esperanza» (Rm 4, 18). También hoy –ante tantos nubarrones y cielos grises– hemos de ver y ofrecer la luz de la esperanza.
Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor. Para nosotros los cristianos, como para Abraham, como para san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo. Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos: he aquí un servicio al que todos estamos llamados (Tomado de Papa Francisco, Homilía, 19-III-2013).
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te rogamos, Señor, que, así como san José sirvió con amorosa entrega a tu Unigénito, nacido de la Virgen María, así también nosotros, con un corazón limpio, merezcamos servirte en tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 25, 21
Alégrate, siervo bueno y fiel. Entra a compartir el gozo de tu Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, protege siempre a esta familia tuya que, alimentada con el sacramento del altar, se alegra hoy al celebrar la solemnidad de san José, y conserva en ella los dones que con tanta bondad le concedes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuente: misalcatolico.com
Categoria: Misa por Año / Misal Catolico 2025 / Misal Catolico de marzo 2025
Misal de Hoy Publicado: 2025-03-02T03:06:42Z | Modificado: 2025-03-02T03:06:42Z